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El “superpoder” de Ben Underwood: el niño que “veía” sin ojos

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El adolescente Ben Underwood perdió la visión a los 3 años tras ser diagnosticado de cáncer de retina, pero desarrolló una habilidad poco común: comenzó a orientarse a través del sonido, emitiendo chasquidos con la lengua para identificar objetos a su alrededor mediante un método análogo al sonar.
Residente de un suburbio de California, Ben descubrió que podía “ver” el entorno a través del eco de los sonidos que generaba. Gracias a ello, adquirió autonomía para desplazarse y realizar tareas cotidianas sin ayuda constante de terceros.

Al describir cómo detecta los elementos, explicó: “Cuando caminaba por aquí antes, identifiqué el tronco de un árbol. Ahora sé con exactitud dónde está. Puedo oír que hay un árbol justo aquí”. Además, añadió: “La silueta del árbol es más delgada y alta. En cambio, el coche suena más ancho y largo. Distingo la naturaleza de los objetos por la forma en que el sonido rebota en ellos”.

La técnica empleada por Ben se denomina científicamente ecolocalización, un proceso habitual en especies como murciélagos y delfines, pero relativamente poco frecuente en humanos. Consiste en emitir sonidos —en este caso, chasquidos producidos con la lengua— y analizar el retorno de las ondas sonoras tras rebotar en obstáculos. El cerebro interpreta la distancia y la forma de los objetos gracias al tiempo que tarda el eco en volver.

Según especialistas en neurociencia, la habilidad de Ben es un ejemplo notable de plasticidad cerebral: en ausencia de estímulos visuales, el córtex occipital —zona responsable de procesar información visual— se reorganiza para interpretar señales auditivas. Investigaciones recientes indican que el cerebro puede remapear estas áreas en cuestión de meses cuando se somete a un entrenamiento sistemático.

El cáncer de retina que padeció Ben es conocido médicamente como retinoblastoma, una forma rara de tumor ocular juvenil que afecta aproximadamente a uno de cada 15.000 nacimientos. El tratamiento habitual combina quimioterapia, radioterapia local y, en muchos casos, la extirpación quirúrgica del globo ocular para evitar la propagación de la enfermedad. En el caso de Ben, los médicos optaron en ambos ojos por procedimientos radicales que le hicieron perder completamente la capacidad visual.

La familia cuenta que la madre de Ben fue clave para su desarrollo. Según relató, ella jamás le transmitió temor ni lo trató como a un niño con discapacidad: “Nunca lloré delante de él ni le dije que era distinto de los demás, porque para mí no existe la diferencia”, afirmó. De este modo, el joven tuvo siempre la confianza para explorar sus propias capacidades sensoriales.

Pese a su ceguera, Ben practica actividades como montar en bicicleta y jugar al baloncesto, basándose en su aguda percepción sonora y su memoria espacial. Estas actividades le permiten mantener una vida activa y socializar con sus amigos sin depender de guías o dispositivos electrónicos.

Años después de su diagnóstico inicial, el cáncer reapareció y Ben volvió a someterse a sesiones de quimioterapia. Sin embargo, no ha renunciado a sus proyectos: “Quiero ser inventor, actor, escritor y creador de videojuegos”, declaró. Sus aspiraciones reflejan una visión optimista y un deseo de contribuir con nuevas ideas al mundo de la tecnología y la cultura.

Además del caso de Ben Underwood, existen otros ejemplos documentados de personas ciegas que han aprendido a emplear la ecolocalización de forma natural o mediante programas de entrenamiento auditivo. Organizaciones sin ánimo de lucro y centros de investigación en Estados Unidos y Europa están desarrollando cursos especializados para enseñar clics con la lengua, huellas sonoras y desplazamiento autónomo.

El fenómeno de la ecolocalización humana subraya la extraordinaria capacidad de adaptación del cerebro y abre nuevas vías para mejorar la calidad de vida de quienes carecen de visión. Gracias a estudios sobre la plasticidad neuronal, la combinación de ejercicios auditivos con tecnologías de asistencia podría convertirse en una herramienta habitual para la rehabilitación sensorial.

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