La tripulación de Artemis II flota en el interior de la cápsula Orión antes del histórico regreso a la Tierra. (Foto: Instagram)
La misión Artemis II está a punto de culminar un hito en la exploración espacial con el retorno de su equipo a la Tierra. Tras un viaje de diez días que llevó de nuevo a seres humanos a la vecindad de la Luna después de cincuenta años, los cuatro astronautas afrontan ahora la fase más desafiante de su travesía. El regreso implica atravesar la atmósfera terrestre en una cápsula que se convertirá en una auténtica bola de fuego antes de amerizar en el océano Pacífico.
La nave Orión entrará en la atmósfera a una velocidad impresionante de 40.233 kilómetros por hora. En ese momento, el escudo térmico de última generación será el único obstáculo entre los astronautas y temperaturas que llegan a la mitad del calor de la superficie solar. El plan de vuelo establece que el impacto controlado en el agua, conocido como splashdown, se produzca sobre las 20:00 horas en el huso de la costa este de EE UU, en aguas próximas a San Diego.
Los tripulantes Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen fueron los primeros humanos en contemplar de primera mano el lado oculto de la Luna. Ahora, el foco se traslada de la observación lunar a la logística de supervivencia y recuperación en alta mar. Una vez que la cápsula se estabilice en la superficie oceánica, los sistemas internos serán apagados y el equipo aguardará el rescate coordinado por agencias gubernamentales y unidades militares.
El rescate en el océano
La operación para evacuar a los astronautas de la Orión es una tarea conjunta entre la NASA y el Departamento de Defensa de Estados Unidos. El ingeniero Jason Endley, contratado por la agencia espacial, explicó el funcionamiento de esta fase final. “Es ahí donde entra mi trabajo, el de recuperar el módulo de la tripulación junto con todos los demás empleados de la NASA y de Amentum que tenemos en el buque”, afirmó Endley.
En cuanto la cápsula toque el agua, cuatro helicópteros comenzarán a sobrevolar la zona. Dos de ellos están destinados exclusivamente al rescate, mientras que los otros dos se encargarán de registrar imágenes de la operación. Uno de los aparatos será el encargado de suministrar un collarín de estabilización, equipo esencial para asegurar que la Orión flote en posición vertical mientras el equipo se prepara para la extracción.
Una vez confirmada la seguridad, se descenderá una cesta de rescate para izar al primer astronauta. Todos los tripulantes serán trasladados a un buque naval cercano, el USS John P. Murtha. A bordo de esta embarcación, pasarán por los reconocimientos médicos iniciales antes de ser trasladados de regreso a la base de Houston, en Texas.
Desafíos físicos de la microgravedad
Aunque la misión Artemis II ha durado apenas diez días, el cuerpo humano sufre cambios significativos en un entorno de ingravidez. Para ponerlo en perspectiva, astronautas como Suni Williams y Butch Wilmore pasaron más de 600 días en el espacio entre 2024 y 2025, pero incluso estancias breves requieren precauciones extremas. La pérdida de masa muscular es una de las preocupaciones más urgentes para los especialistas en medicina espacial.
Kevin Fong, fundador del Centro de Medicina de Altitud, Espacio y Ambientes Extremos del University College London, detalló la velocidad de estos efectos. “En algunos experimentos con ratones, observaron pérdidas de hasta un tercio de la masa muscular de determinados grupos en tan solo siete a diez días de vuelo; es una merma enorme”, explicó Fong.
Para mitigar este desgaste, la tripulación de Artemis II siguió un riguroso programa de ejercicios mediante un dispositivo conocido como volante de inercia (flywheel). Con sólo nueve metros cúbicos de espacio interno en la cápsula Orión —el equivalente a una habitación pequeña—, los aparatos de entrenamiento deben ser extremadamente compactos. El volante funciona como una máquina de remo multifuncional que genera resistencia sin necesidad de pesas tradicionales.
Entrenamiento en espacio confinado
El astronauta Jeremy Hansen describió las capacidades de este sistema antes del lanzamiento. “Podemos ajustar la dinámica del dispositivo para realizar ejercicios de fuerza como sentadillas, peso muerto, curl de bíceps o jalones; todo con un único aparato”, explicó Hansen.
Mantener la masa muscular no es sólo importante para la salud a largo plazo, sino también para que los astronautas puedan moverse con soltura cuando la gravedad terrestre vuelva a actuar sobre sus cuerpos. La transición del ingravidez al peso completo del planeta suele causar desorientación y fatiga extrema, ya que el sistema vestibular —encargado del equilibrio— necesita recalibrarse.
El retorno al peso de la Tierra
Quienes regresan de misiones largas relatan dificultades llamativas durante la readaptación. Jasmin Moghbeli, que volvió en 2024 tras 200 días en órbita, contó: “Con los ojos cerrados era casi imposible andar en línea recta”. Esto se debe a que los mecanismos de equilibrio que empleamos en la Tierra quedan temporalmente desactivados por el cerebro durante la estancia en el espacio.
El astronauta Andreas Mogensen, de la Agencia Espacial Europea, compartió sensaciones similares en sus primeros días tras el desembarco: “Me sentía inestable las primeras 48 horas; el cuello me dolía de sostener la cabeza”. La sensación de tener un peso excesivo es una queja habitual entre quienes vuelven desde el vacío espacial.
Jeanette Epps, que pasó 235 días en órbita, subrayó la importancia de ejercitarse cada jornada nada más volver: “Tienes que moverte y entrenar todos los días, por muy agotado que estés”. El proceso de adaptación implica reaprender a convivir con la gravedad constante, que hace que cada extremidad del cuerpo parezca mucho más pesada que antes del despegue.


