El Santo Sudario de Turín registra, en negativos fotográficos, el rostro y las marcas de crucifixión atribuidas a la figura de Jesús. (Foto: Instagram)
El Santo Sudario de Turín es uno de los artefactos más discutidos en la historia. Este tejido de lino, con 4,4 metros de longitud y 1,1 metro de ancho, muestra la imagen de un hombre con señales de crucifixión, conservando detalles anatómicos y marcas que han dado pie a numerosos estudios científicos y debates teológicos.
Para muchos cristianos, este paño habría envuelto el cuerpo de Jesús tras su muerte en el Gólgota. Desde el siglo 16 se custodia en la Catedral de San Juan Bautista de Turín, en Italia, donde atrae cada cierto tiempo a peregrinos y expertos. A lo largo de los siglos, las exhibiciones públicas del sudario han generado multitud de hipótesis sobre su origen, su autenticidad y las rutas de traslado desde Tierra Santa hasta Europa.
Una reciente investigación genética llevada a cabo por científicos de la Universidad de Padua, en Italia, ha aportado datos inéditos sobre la historia biológica del tejido. Analizando muestras recopiladas en 1978, el equipo descubrió que aproximadamente el 40 % del ADN humano presente en las fibras correspondería a linajes indios. Este hallazgo sugiere que el lino pudo haber recorrido distancias mayores de las que se pensaba, estableciendo conexiones entre Europa y regiones lejanas del subcontinente indio.
Los investigadores destacaron que la presencia de material genético de origen indio era inesperada para un objeto que hasta ahora se consideraba vinculado exclusivamente a Oriente Medio y a Europa. En su estudio señalaron: “El 38,7 % de los datos genómicos humanos de linajes indios resulta sorprendente y puede relacionarse con interacciones históricas derivadas de la importación de lino o fibra provenientes de zonas en torno al Valle del Indo”.
Una de las hipótesis plantea que el Imperio Romano, en su apogeo, pudo haber importado el tejido o la materia prima desde Asia, transportándolo a través de rutas comerciales que atravesaban el Mediterráneo y llegaban hasta Europa mucho antes de que el sudario adquiriera relevancia en la cristiandad occidental.
El profesor Gianni Barcaccia, responsable de los análisis moleculares, confirmó estos resultados y defendió que el objeto posee una “firma biológica global”, con trazas de distintas partes del mundo conocido en esa época y en periodos posteriores, producto del contacto con viajeros, comerciantes y peregrinos.
Además del ADN humano, el estudio reveló una amplia diversidad de restos biológicos asociados al sudario. Se detectó material genético procedente de gatos, perros, animales de granja, especies silvestres como ciervos y conejos, y fauna marina que incluye piezas de pargo y bacalao del Atlántico, así como rastros de crustáceos y arácnidos.
La investigación botánica paralela descubrió ADN de zanahoria, trigo, pimienta, tomate y patata, cultivos que solo llegaron a Europa tras los grandes viajes de exploración en Asia y América. Según los autores del estudio, “estos hallazgos ofrecen perspectivas valiosas sobre las condiciones de conservación y las interacciones ambientales, así como sobre las variantes genéticas procedentes de múltiples fuentes biológicas”.
Debido a que el sudario ha sido manipulado por numerosas personas a lo largo de los siglos, resulta difícil determinar con precisión en qué momento se produjo cada contaminación genética. Los expertos explicaron que “el sudario ha estado en contacto con múltiples individuos, lo que complica la identificación del ADN original del lino”. No obstante, los datos apuntan a una exposición extensiva en la región mediterránea y refuerzan la teoría de que el hilo original pudo haberse producido en el subcontinente indio.
Contexto adicional:
El Sudario de Turín ha sido objeto de estudios de datación por radiocarbono, como el realizado en 1988, que situó el origen del tejido en la Edad Media, generando controversias sobre su autenticidad. A lo largo de los años, se han empleado técnicas avanzadas de espectroscopía, análisis de micropartículas y fotografía digital de alta resolución para intentar desentrañar la historia de este paño. El comercio de lino en la antigüedad era un negocio estratégico para civilizaciones como la egipcia y la romana, valorado por su resistencia y su capacidad de conservar impresiones superficiales, lo que explica en parte el interés continuo en las rutas de suministro de esta fibra.


