Un hombre fue absuelto por la Justicia tras ser acusado durante casi tres décadas de un homicidio que nunca ocurrió. El caso tuvo lugar en el estado de Alagoas, en Brasil, y estuvo protagonizado por Ricardo Alexandre dos Santos, quien fue detenido en agosto de este año y permaneció 59 días en prisión hasta que la supuesta víctima apareció con vida.
La denuncia sostenía que Ricardo habría matado a un hombre llamado Marcelo, cuyo cadáver habría sido identificado por un hermano mediante una fotografía. Este reconocimiento se basó en un laudo cadavérico, documento pericial que certifica las causas de la muerte de una persona, y que en este caso señalaba la defunción de Marcelo.
Sin embargo, durante la instrucción del proceso penal, la investigación dio un giro inesperado. Se descubrió que Marcelo estaba vivo y se había trasladado años atrás al estado de Pernambuco sin informar a su familia. Allí comenzó a trabajar en la cosecha de caña de azúcar en una propiedad de uno de sus parientes, manteniéndose apartado de sus allegados en Alagoas.
El punto de inflexión ocurrió en la audiencia de custodia de Ricardo, instancia obligatoria en Brasil en la que el detenido comparece ante un juez en un plazo de veinticuatro horas tras la detención. En esa comparecencia, Ricardo aseguró que la persona señalada como fallecida seguía con vida. Esta declaración llevó al juez José Eduardo Nobre, titular de la 8ª Vara Criminal de la Capital, a ordenar nuevas diligencias, entre ellas consultas en bases de datos electorales y registros laborales.
Las pesquisas en archivos de la justicia electoral y de las relaciones laborales confirmaron que Marcelo continuaba con registros activos. Con esa pista, las autoridades lograron localizarlo y lo citaron a una audiencia de instrucción. En esa sesión, Marcelo negó cualquier agresión y explicó que jamás había sido atacado.
En sus declaraciones públicas, Ricardo relató las condiciones en las que permaneció detenido. “Estuve 59 días preso por un delito que nunca existió. Me hicieron confesar. Me sentaron en el suelo, un agente me pisó los pies, sujetaron mis brazos y me colocaron una bolsa en la cabeza. Dices lo que ellos quieren solo para que pare el dolor”, contó en una entrevista concedida a TV Record.
Finalmente, el Tribunal de Justicia de Alagoas (TJAL) decretó la absolución sumaria de Ricardo, de conformidad con el artículo 415, inciso I, del Código de Proceso Penal de Brasil. Esta figura legal prevé la exoneración del acusado cuando existe ausencia de prueba de materialidad, es decir, cuando no se puede demostrar que el hecho denunciado realmente ocurrió.
La absolución sumaria es una medida excepcional destinada a evitar la prosecución de procesos carentes de fundamento, respetando el principio de presunción de inocencia, consagrado tanto en la Constitución brasileña como en tratados internacionales de derechos humanos. En este caso, la recuperación de la supuesta víctima y la comprobación de su paradero desvirtuaron por completo la acusación inicial.
La situación pone de manifiesto la relevancia de contar con peritajes rigurosos y de garantizar el derecho a la audiencia de custodia, mecanismo diseñado para que un juez verifique las condiciones de la detención e instruya diligencias inmediatas en caso de controversias sobre la legalidad o el desarrollo de la detención. Asimismo, subraya la importancia de contrastar las pruebas, especialmente los laudos forenses, con otras fuentes de información como registros públicos y testimonios directos.
Este caso se suma a otros precedentes en los que se cuestiona la solidez de identificaciones basadas únicamente en documentos gráficos o fotográficos, sin confirmaciones adjuntas. En países donde la estructura judicial aún afronta desafíos de recursos y coordinación entre órganos, las audiencias de custodia y la investigación complementaria resultan vitales para evitar injusticias.


