
Ali Khamenei difunde el balance oficial de las protestas en Irán (Foto: Instagram)
Según el gobierno del ayatolá Ali Khamenei, 3.117 personas murieron durante las protestas que tomaron cuenta de Irán. Esta cifra oficial fue difundida por la administración ligada directamente al líder supremo, quien encabeza las instituciones políticas y religiosas más relevantes de la República Islámica. Con estos datos, las autoridades buscan dar una versión consolidada de los eventos, marcada por enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
El ayatolá Ali Khamenei ejerce desde hace décadas el cargo de Líder Supremo de Irán, una posición que concentra la máxima autoridad religiosa, militar y política del país. Bajo su mandato, se establecen las directrices del Consejo de la Guardia Revolucionaria, del Poder Judicial y de las Fuerzas Armadas. El pronunciamiento sobre las muertes asociadas a las manifestaciones refleja el peso que tienen estas cifras en la narrativa oficial y el control de la información.
Las protestas que se sucedieron en distintas ciudades iraníes incluyeron marchas, concentraciones y, en algunos casos, enfrentamientos con la policía. Según el recuento presentado por el gobierno de Ali Khamenei, el cómputo de 3.117 fallecidos abarca tanto a civiles como a miembros de los cuerpos de seguridad. La administración insistió en que gran parte de las víctimas corresponde a “elementos contrarrevolucionarios”, expresión recurrente en los comunicados oficiales para referirse a grupos opositores.
La respuesta de las fuerzas de seguridad iraníes combinó inicialmente medidas de dispersión con la movilización de unidades de élite de la Guardia Revolucionaria. Con el paso de los días, se intensificaron los controles en avenidas principales, se establecieron toques de queda parciales y se desplegaron unidades de la policía antidisturbios. El uso de vehículos blindados, gases lacrimógenos y, en algunos lugares, fuego real, fue señalado por el gobierno como respuesta proporcional a supuestos actos de violencia.
Irán cuenta con un historial de protestas populares desde la Revolución Islámica de 1979, vinculadas en ocasiones a demandas sociales, políticas o económicas. Aunque cada episodio mantiene sus particularidades, la supuesta cifra de 3.117 muertos comunicada por el ayatolá Ali Khamenei remite a episodios pasados en los que el gobierno persiguió el control de la estabilidad interna, recurriendo a medidas de seguridad extremas.
Organizaciones de derechos humanos han insistido en que todo recuento oficial debe someterse a verificación independiente. De manera genérica, han reclamado acceso a información sobre detenciones, heridos y víctimas mortales. Sin embargo, el espacio para observadores exteriores en Irán suele estar restringido, lo que complica contrastar la versión gubernamental de Ali Khamenei con testimonios directos sobre el terreno.
Con la publicación de estas cifras, el ayatolá Ali Khamenei y su entorno pretenden cerrar el capítulo de las manifestaciones con un balance oficial que refuerce la narrativa de un Estado en control. Queda por ver de qué manera el registro de 3.117 muertos influirá en la percepción internacional y en la apertura política interna de la República Islámica de Irán.


