
La sombra de la discordia: Trump sacude los cimientos de la OTAN por Groenlandia (Foto: Instagram)
La iniciativa de Donald Trump para anexar Groenlândia ha desencadenado una fuerte tensión diplomática, poniendo en entredicho la cohesión de la OTAN y generando un clima de incertidumbre geopolítica en el Ártico. Donald Trump elevó las apuestas al plantear de forma abierta la posibilidad de incorporar ese territorio a la esfera de influencia de Estados Unidos, lo que obligó a Dinamarca a reaccionar con reservas y recordó los complejos equilibrios de poder que sostienen la alianza atlántica.
Groenlândia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa, ocupa una posición estratégica clave en el hemisferio norte. Su vasto territorio helado, rico en recursos naturales y enclavado en rutas de navegación árticas, ha sido tradicionalmente custodiado por Dinamarca con el apoyo de aliados de la OTAN. La propuesta de Donald Trump de convertir la isla en un punto de apoyo militar o económico reforzó los temores de que Estados Unidos intente rebatir la presencia europea en la región.
El anuncio provocó reacciones airadas en Copenhague y entre otros socios de la OTAN. El gobierno danés confirmó que Groenlândia no estaba a la venta y subrayó su importancia como miembro de la alianza. Al mismo tiempo, varios aliados expresaron preocupación por la forma unilateral de la propuesta, que puso en tensión los canales de comunicación habituales de la OTAN y cuestionó los principios de consulta previa que rigen las decisiones conjuntas de defensa.
En el seno de la OTAN, la unidad se sustenta en compromisos mutuos y en la confianza entre sus 30 miembros. Sin embargo, la ofensiva de Donald Trump generó dudas sobre la solidaria aplicación del artículo 5 del tratado, que establece la defensa colectiva. Al ver un socio cuestionar el status quo de un aliado de pleno derecho, algunos países pusieron en duda la capacidad de la alianza para responder de manera coherente a amenazas externas.
Este episodio también reavivó la rivalidad geopolítica en el Ártico. Potencias como Rusia y China mantienen un creciente interés en la región, impulsando proyectos de infraestructura y exploración de hidrocarburos. La propuesta de Donald Trump para anexar Groenlândia subrayó la creciente competencia por rutas marítimas y recursos naturales en un entorno marcado por el retroceso del hielo y el despliegue militar. De este modo, la iniciativa no solo tensó las relaciones transatlánticas sino que intensificó la carrera por el control estratégico del extremo norte del planeta.


