
Combatiente enmascarado con bandera extremista en el desierto sirio (Foto: Instagram)
Una nueva ola de violencia en Síria ha enfrentado a militares ligados ao governo interino con las Forças Democráticas Sírias (SDF). Según informes locales, los combates se intensificaron en varias localidades del norte y este del país, provocando desplazamientos de familias y cortes en los suministros básicos. Esta escalada se produce en un entorno ya tensionado por disputas territoriales y rivalidades históricas entre diferentes facciones surgidas durante la guerra civil.
El gobierno interino de Síria se formó como respuesta a la fragmentación del poder central tras el estallido del conflicto en 2011. Desde entonces, diversas milicias y agrupaciones locales se han adherido o aliado con esta administración alterna, reconociendo su autoridad en ciertas zonas fuera del control del régimen oficial. Los militares ligados ao governo interino juegan un papel clave en la defensa de esos territorios y en la provisión de servicios básicos, aunque su presencia también ha sido objeto de controversia entre facciones rivales.
Por su parte, las Forças Democráticas Sírias (SDF) son una coalición compuesta principalmente por unidades kurdas y árabes que ha contado con apoyo internacional en operaciones contra grupos extremistas. A lo largo de la guerra, las SDF han consolidado su control sobre amplias franjas de territorio, estableciendo estructuras de autoadministración y módulos de seguridad propios. Esta organización ha sido considerada determinante para frenar avances de organizaciones yihadistas, pero también ha generado recelos en otros actores locales y en potencias regionales.
Los enfrentamientos recientes se concentran en áreas limítrofes donde tanto los militares ligados ao governo interino como las Forças Democráticas Sírias (SDF) pretenden garantizar su influencia estratégica. Pueblos y ciudades que llevan años viviendo bajo regímenes de seguridad variables han vuelto a sufrir cortes de electricidad, bloqueos de rutas comerciales y alarmas de artillería. Organizaciones humanitarias han advertido de un posible agravamiento de la crisis de desplazados si los choques no se detienen de inmediato.
En el plano internacional, la nueva escalada de violencia en Síria genera preocupación entre observadores y gobiernos que mantienen presencia militar o apoyo logístico en la región. Diversos países han instado a ambas partes a respetar corredores humanitarios y a avanzar en negociaciones que permitan una desescalada. Sin embargo, la multiplicidad de actores implicados y la falta de un mediador con suficiente influencia sobre todas las milicias dificultan cualquier proceso de diálogo sostenible.
La persistencia de choques entre militares ligados ao governo interino y las Forças Democráticas Sírias (SDF) añade complejidad a un escenario ya castigado por más de una década de guerra civil. La situación humanitaria, la estabilidad regional y las perspectivas de reconstrucción de Síria siguen condicionadas por la capacidad de estas fuerzas para encontrar una fórmula de cooperación o, al menos, de no agresión mutua. Mientras tanto, la población civil permanece a la espera de un alto el fuego que le permita retomar la normalidad.


