Un conmovedor suceso de supervivencia y fe movilizó el pasado fin de semana a equipos de rescate y a numerosos internautas en el estado de Río de Janeiro, Brasil. Un niño de 10 años, identificado como Miguel Torquato do Nascimento, fue hallado con vida tras permanecer aproximadamente ocho horas a la deriva en un kayak en el mar de la Región de los Lagos. La operación de búsqueda concluyó en la madrugada del domingo en Arraial do Cabo, más de 12 kilómetros alejado del punto donde había desaparecido.
El incidente se inició al atardecer del sábado, durante un paseo vacacional en familia en la Praia do Sudoeste, en São Pedro da Aldeia. Según los allegados, el kayak no pertenecía a una empresa especializada y en ese momento no había servicio de salvavidas activo en la playa. Las condiciones de viento y corriente hicieron que la embarcación se desprendiera sin que el menor se percatara, arrastrándolo gradualmente hacia mar abierto.
La búsqueda se coordinó como una operación conjunta en la que participaron más de veintena de efectivos del Corpo de Bombeiros Militar do Estado do Rio de Janeiro, la Marinha do Brasil, pescadores locales y habitantes de la zona. Embarcaciones de superficie, drones equipados con cámaras de alta resolución y hasta un jet ski formaron parte del dispositivo. Este despliegue de recursos siguió protocolos estándar de rastreo en aguas costeras, combinando patrullas sistemáticas en cuadrantes y uso de tecnología aérea para optimizar el tiempo de respuesta.
El momento del rescate se produjo cuando Miguel logró acercarse lo suficiente a la franja de arena y divisó a un bombero desplazándose en jet ski. Aún consciente, pidió auxilio y fue trasladado a bordo de la moto acuática. En sus declaraciones posteriores, el niño contó que mantuvo la calma observando la luz de la luna como único punto de referencia y que en todo momento rezó a Jesús para sobrellevar la espera. “Solo veía la claridad de la luna y recé. Me quedé tranquilo, pero pensé que nadie podía encontrarme”, afirmó.
Tras su extracción del mar, Miguel fue trasladado primero al servicio de urgencias de São Pedro da Aldeia y, posteriormente, a la UPA pediátrica para evaluación médica y exámenes rutinarios. No se requirió hospitalización, y el niño pudo regresar con su familia en el mismo día. Los allegados agradecieron expresamente tanto al equipo de bomberos y a la Marina como a los pescadores y vecinos que colaboraron durante la noche en las tareas de búsqueda. Este caso resalta la importancia de emplear embarcaciones aprobadas por empresas especializadas, contar con equipamiento de seguridad adecuado y disponer de vigilancia de salvavidas en zonas de baño.


