El caso de Ricky Jackson es uno de los más dramáticos de error judicial en Estados Unidos. En mayo de 1975, Jackson y dos conocidos fueron acusados del asesinato de Harold Franks en Cleveland (Ohio) sin pruebas físicas: ni arma, ni huellas, ni ADN.
La condena se basó casi exclusivamente en el testimonio de Eddie Vernon, un niño de 12 años que aseguró haber presenciado el homicidio. Jackson recibió inicialmente la pena de muerte, luego conmutada a prisión perpetua.
Décadas después, una investigación periodística de 2011 puso en duda la declaración de Vernon, revelando que había sido presionado por la policía y que en realidad estaba en un autobús escolar lejos de la escena del crimen.
En 2013, Vernon se retractó oficialmente y confesó que mintió. Al año siguiente, un juez anuló las condenas y Jackson recuperó la libertad tras cumplir 39 años en prisión, el periodo más largo de encarcelamiento de un inocente en EE. UU.
Tras su salida, Jackson recibió una indemnización de aproximadamente 2,5 millones de euros del Estado de Ohio y participa en documentales y conferencias denunciando las fallas del sistema de justicia.


