El final del tratamiento del cáncer de mama se celebra como una victoria frente a la enfermedad, pero, para muchas mujeres, los cuidados continúan incluso después de la radioterapia o de la cirugía. Una parte considerable de las supervivientes sigue conviviendo con molestias físicas constantes en el tórax, los hombros y la axila.
Un metaanálisis reciente que evaluó a cerca de 300.000 pacientes constató que casi el 50 % de las mujeres sometidas a una operación desarrolla dolor persistente. Una de cada cuatro padece dolores de intensidad moderada o grave, un dato que indica que la remisión no siempre pone fin al sufrimiento físico.
La persistencia de estos síntomas está relacionada con los cambios que provocan los propios tratamientos. Durante la cirugía para extirpar el tumor, los nervios periféricos del pecho y la axila pueden cortarse o comprimirse. Esto puede causar una afección denominada neuralgia intercostobraquial.
Además, la extirpación de un mayor número de ganglios linfáticos se asocia con un aumento de los casos de dolor continuo. La radioterapia puede perjudicar la recuperación de los tejidos y provocar fibrosis, es decir, un endurecimiento de los músculos y los tejidos. Algunos medicamentos quimioterápicos, por su parte, dañan los nervios sensitivos.
Con el paso del tiempo, el sistema nervioso también puede experimentar cambios, y el cerebro puede amplificar el dolor incluso después de que los tejidos hayan cicatrizado.
«El tumor se ha tratado, pero el “terreno” ha quedado modificado. El dolor crónico posmastectomía es multifactorial y combina lesión de nervios periféricos, sensibilización del sistema nervioso central e inflamación», explica Lúcio Gusmão, médico ortopedista y especialista en dolor de la Rede Cade.
Los síntomas suelen concentrarse en la parte delantera del tórax y en los hombros. La costocondritis, una inflamación benigna del cartílago que une las costillas con el esternón, es frecuente y provoca dolor al respirar o al moverse. Esa molestia puede generar miedo a que el tumor haya reaparecido.
FACTORES DE RIESGO E IMPACTO EMOCIONAL
Los seguimientos a largo plazo indican que la incidencia del dolor crónico es alrededor de un 80 % mayor entre las mujeres con obesidad. La grasa corporal acumulada libera sustancias inflamatorias en el organismo que sensibilizan la red de nervios.
La falta de actividad física también reduce la elasticidad y la fuerza de la musculatura del tronco, puede dejar rígidas las articulaciones de los hombros y dificulta la liberación natural de sustancias analgésicas que el cuerpo produce durante el movimiento.
Las limitaciones físicas en las actividades cotidianas afectan a la salud mental y a la imagen que las pacientes tienen de sí mismas. El linfedema, una hinchazón causada por la acumulación de líquido en los brazos después de la extirpación de ganglios linfáticos, puede ocasionar dificultades funcionales y situaciones de incomodidad social.
Las dificultades para volver al trabajo y a la rutina familiar suelen provocar ansiedad, desánimo y frustración. En este ciclo, el estrés emocional aumenta la percepción del dolor que registra el cerebro. Por eso, las consecuencias del tratamiento pueden afectar tanto a la movilidad como al bienestar emocional y a la autonomía de las pacientes.
TRATAMIENTOS PARA RECUPERAR LA AUTONOMÍA
Las pruebas médicas y una investigación cuidadosa son necesarias para distinguir los dolores derivados de secuelas de los posibles signos de reaparición del cáncer. Una vez descartada una lesión activa, la recuperación requiere un enfoque multidisciplinar, con tratamiento médico, actividad física y apoyo psicológico para mejorar la calidad de vida.
Las técnicas intervencionistas actuales, como los bloqueos de nervios guiados por ecografía en el tórax y las aplicaciones de radiofrecuencia, ayudan a interrumpir el circuito del dolor y pueden proporcionar un periodo de alivio.
«Estos procedimientos funcionan mejor cuando abren una “ventana” de alivio para que la paciente vuelva a moverse y pueda rehabilitarse», afirma Gusmão.
La fisioterapia incluye estiramientos progresivos de los músculos pectorales, ejercicios para mejorar la movilidad y fortalecimiento muscular dirigido. El trabajo se orienta a recuperar gradualmente el movimiento y la fuerza, respetando la evolución de cada paciente.
El apoyo emocional y la comprensión de cómo funciona el dolor también son esenciales durante el proceso. Según Natan Boan, fisioterapeuta de la Rede Cade, acompañar a la paciente significa también orientarla sin restar importancia a sus molestias.
«Entender el propio dolor reduce el miedo y devuelve a la paciente la sensación de control», afirma Boan. El fisioterapeuta señala que la vuelta a tareas cotidianas sencillas debe producirse de forma gradual, para favorecer la recuperación de la autonomía física y emocional.


