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5 consejos para mejorar la comunicación y la convivencia con tu perro

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Quien tiene un perro sabe que el animal encuentra maneras de «comunicarse» que van más allá de los ladridos. Pero ¿sabes identificar las señales de que algo no va bien o de que está contento? Para facilitar la comunicación y, en consecuencia, la convivencia con el animal, el especialista en comportamiento canino André Cavalieri ofrece cinco consejos prácticos para comprender el «lenguaje» de los perros. Mantener una rutina, adoptar una actitud calmada y respetar los horarios de los paseos son algunas de sus recomendaciones.

**LOS PERROS ENTIENDEN LA POSTURA, NO LOS DISCURSOS**

Los perros perciben la energía, la postura y las emociones, no los «discursos». Según André Cavalieri, una persona cuidadora ansiosa puede transmitir esa ansiedad al perro, mientras que una actitud agresiva puede favorecer que el animal se vuelva agresivo o muy miedoso. El tono de voz, los gestos, la postura corporal e incluso el estado emocional de quien lo acompaña influyen directamente en su comportamiento. Por eso, el especialista aconseja ser un ejemplo para el perro y prestar atención a la manera de dirigirse a él, además de a las palabras que se utilizan.

La comunicación cotidiana también depende de observar cómo responde el animal. La postura y los gestos de las personas forman parte del contexto en el que el perro aprende a relacionarse. Mantener una actitud tranquila y comprensible puede ayudar a que las indicaciones sean más claras y a que la convivencia resulte más fácil.

**SÉ COHERENTE**

Querer al perro no significa permitir que «siembre el caos» en casa o durante los paseos. Cavalieri recomienda mantener la coherencia cuando se le dice que no y establecer reglas claras y constantes para marcar límites. Si una conducta no está permitida en una ocasión, cambiar el criterio en otra puede dificultar que el animal entienda qué se espera de él.

«La previsibilidad reduce la ansiedad y mejora el comportamiento», comenta el especialista. Las normas consistentes sirven como referencias para el perro y evitan que las indicaciones dependan únicamente del momento o del estado de ánimo de la persona cuidadora. La firmeza, en este contexto, consiste en sostener los límites acordados, no en recurrir a una actitud agresiva.

**EL SILENCIO AYUDA A EDUCAR AL PERRO**

Hablar mucho no significa necesariamente que el perro vaya a comprender mejor el mensaje. En algunas ocasiones, el silencio puede enseñar más que las palabras. «Una mirada firme, una pausa consciente o una redirección corporal bien hecha comunican mucho más», afirma André, socio fundador de Dog Corner.

La recomendación pone el foco en la claridad de la comunicación: una indicación breve y acompañada de una postura coherente puede resultar más comprensible que repetir muchas palabras. También es importante dar al animal un momento para responder, en lugar de acumular instrucciones o gestos distintos a la vez.

**NO RENUNCIES A LA RUTINA**

Fijar horarios para los paseos y las actividades en casa, y cumplirlos con regularidad, ayuda a que el perro esté menos ansioso y, en consecuencia, más contento. «La rutina es lenguaje emocional. Los horarios definidos ayudan al animal a entender que el mundo es previsible. Eso reduce la ansiedad, la frustración y los comportamientos destructivos», explica el especialista.

La organización del día ofrece referencias sobre cuándo llegan los paseos y otros momentos de actividad. Mantener esos horarios con constancia forma parte de la previsibilidad que, según Cavalieri, favorece el bienestar y la convivencia.

**DEJA QUE TU PERRO GASTE ENERGÍA**

Para estar más contento y relajado, el animal necesita juegos, paseos y estímulos en su entorno. La actividad le ofrece oportunidades para explorar y relacionarse con lo que le rodea. «Un perro que no explora el mundo tiende a estar ansioso, estresado e incluso deprimido, lo que bloquea cualquier intento de aprendizaje», concluye el especialista.

Los paseos, las actividades en casa y los momentos de juego pueden formar parte de una rutina equilibrada. Junto con una actitud calmada, unas reglas coherentes y horarios previsibles, esos estímulos contribuyen a crear mejores condiciones para la comunicación y la convivencia entre el perro y las personas con las que vive.

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