El consumo insuficiente de frutas y hortalizas, un hábito que afecta a más del 70% de los brasileños, según el estudio citado, se encuentra entre los factores alimentarios que conviene tener en cuenta al hablar de prevención del cáncer colorrectal. La enfermedad, que causó la muerte de Preta Gil y de la actriz Lua Blanco, a los 39 años, es el segundo tipo de cáncer más frecuente en Brasil entre hombres y mujeres, si se excluyen los tumores de piel no melanoma. Especialistas señalan que la alimentación, el ejercicio físico y otros hábitos pueden influir en las probabilidades de desarrollar este tipo de tumor.
Lua Blanco murió el 18 de octubre, después de afrontar un cáncer intestinal que le habían diagnosticado pocos meses antes. Su tía, Maria Cândida Ribeiro, confirmó el tipo de enfermedad. Preta Gil murió en 2025, también tras padecer cáncer colorrectal. Aunque algunos hábitos se relacionan con un mayor o menor riesgo, la información disponible no permite establecer qué causó el cáncer de las dos artistas.
El cáncer colorrectal comprende los tumores que se desarrollan en el colon o en el recto, partes del intestino grueso. Las estimaciones del Instituto Nacional de Cáncer de Brasil (INCA) apuntan a unos 53.800 nuevos casos de cáncer de colon y recto al año en el país entre 2026 y 2028. De ellos, alrededor de 26.300 corresponderían a hombres y 27.500 a mujeres. Es el segundo cáncer más frecuente en ambos grupos, por detrás del de próstata entre los hombres y del de mama entre las mujeres.
Entre los factores de riesgo vinculados a la alimentación figura el consumo frecuente de carnes procesadas, como el jamón, el beicon, las salchichas, el salami, la mortadela, la longaniza y el fiambre de pechuga de pavo industrializado. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ingerir 50 gramos diarios de estos productos se asocia a un aumento aproximado del 18% en el riesgo relativo de cáncer colorrectal. Ese porcentaje expresa un incremento relativo del riesgo y no significa que todas las personas que consuman esa cantidad vayan a desarrollar la enfermedad.
La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, dependiente de la OMS, clasifica las carnes procesadas en el Grupo 1 de agentes cancerígenos. Esta categoría indica que existen pruebas científicas suficientes de que pueden causar cáncer en seres humanos. No implica, sin embargo, que el riesgo asociado a estos alimentos sea equivalente al del tabaco, que también pertenece a ese grupo.
La cantidad de fibra en la dieta es otro aspecto relevante. La fibra está presente en alimentos como las alubias, la avena, las frutas, las verduras y los cereales integrales, y su consumo se relaciona con una reducción del riesgo de cáncer intestinal. El INCA recomienda tomar entre 25 y 30 gramos diarios de fibra y mantener una alimentación variada, con al menos 400 gramos al día de frutas, verduras y hortalizas.
La actividad física regular también se asocia a una menor probabilidad de desarrollar cáncer de colon. En cambio, el exceso de peso, el consumo de bebidas alcohólicas y el tabaquismo están relacionados con un aumento del riesgo. Estos factores pueden influir en las probabilidades, pero no determinan por sí solos que una persona vaya a enfermar.
El cáncer colorrectal tiene un origen multifactorial: además de los hábitos, intervienen características genéticas, el envejecimiento y otros factores biológicos. Por ello, una dieta equilibrada y la práctica de ejercicio no eliminan por completo la posibilidad de recibir un diagnóstico. También es importante prestar atención a posibles síntomas y consultar con profesionales sanitarios si aparecen sangre en las heces, cambios persistentes en el ritmo intestinal, dolor abdominal recurrente, molestias al evacuar, pérdida de peso sin explicación, anemia o cansancio.


