
Pollos en una granja avícola intensiva (Foto: Instagram)
El bloque europeo suspendió las importaciones tras cuestionar el uso de antimicrobianos en la producción de alimentos de origen animal. Esta decisión se tomó después de que las autoridades comunitarias solicitaran información detallada sobre los protocolos de aplicación y las dosis empleadas en las granjas, ante el riesgo de residuos en productos de origen cárnico y lácteo. La medida preventiva, vigente desde mediados del año pasado, busca garantizar la seguridad alimentaria y proteger la salud pública.
Los antimicrobianos son sustancias que se utilizan para prevenir y tratar infecciones en animales de granja. Incluyen antibióticos, antifúngicos y antiparasitarios, y su empleo indiscriminado puede generar residuos en la carne, la leche o el huevo, así como provocar la aparición de cepas resistentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han destacado la importancia de limitar su uso veterinario para evitar la resistencia antimicrobiana, un problema que amenaza la eficacia de medicamentos clave para la salud humana.
En la Unión Europea, la legislación establece niveles máximos de residuos (LMR) para estos agentes en alimentos de origen animal. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) evalúa los riesgos y emite recomendaciones sobre límites y condiciones de uso. Mediante el principio de precaución, la Unión puede suspender temporalmente la entrada de productos cuando no se cumplen las normas o cuando surgen dudas sobre el control de residuos. La revisión periódica de métodos analíticos permite detectar trazas mínimas y garantizar que no se comprometa la calidad.
La resistencia antimicrobiana es una cuestión de salud pública global. Cuando las bacterias desarrollan mecanismos para evadir los antibióticos, aumenta el riesgo de infecciones difíciles de tratar tanto en humanos como en animales. El enfoque One Health, respaldado por organismos internacionales, promueve políticas coordinadas entre sectores veterinario, agrícola y sanitario para regular el uso de antimicrobianos y reducir su aplicación preventiva sin diagnóstico certero.
Para implementar la suspensión de importaciones, la Comisión Europea notificó a través del Sistema RASFF (Rapid Alert System for Food and Feed) a los países exportadores. Estas alertas obligan a los estados miembros a retener lotes en frontera y a exigir documentación adicional sobre el control de calidad. Las empresas afectadas deben presentar certificados de análisis que demuestren la ausencia de residuos por encima de los límites permitidos y detallar los protocolos de bioseguridad aplicados en las instalaciones de cría.
Mientras tanto, el bloque europeo ha abierto un canal de diálogo con los exportadores para revisar prácticas y actualizar los reglamentos conjuntos. Se espera que, tras la presentación de datos complementarios y la adecuación de los procedimientos, se levante la suspensión. La medida, aunque temporal, subraya la importancia de cumplir con los estándares sanitarios internacionales y refuerza los mecanismos de control en la cadena de suministro de alimentos de origen animal.


