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Gemelas nacen con 87 días de diferencia y chocan a científicos

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Las hermanas gemelas Amy y Katie Jones-Elliott nacieron con 87 días de diferencia, en 2012, en Irlanda. La separación entre los partos ocurrió después de que la madre, Maria Jones-Elliott, entrara en trabajo de parto con apenas 24 semanas de gestación, diera a luz a Amy y, de forma inusual, dejara de tener contracciones antes del nacimiento de la segunda hija.

Maria comenzó a sentirse mal en mayo de ese año y fue trasladada al Hospital Universitario de Waterford, donde su marido, Chris, trabajaba como enfermero. Después de que se le rompiera la bolsa amniótica, los médicos advirtieron que existían muy pocas posibilidades de supervivencia para las bebés debido a la extrema prematuridad.

Tras dos días en trabajo de parto, Amy nació el 1 de junio, a las 9:15 horas, con un peso de aproximadamente 540 gramos. Al ser tan pequeña, tuvo que ser ingresada de inmediato en la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN), donde recibe atención especializada, como ventilación asistida y control estricto de la temperatura y de sus signos vitales.

Lo que sucedió a continuación sorprendió al equipo médico: las contracciones uterinas cesaron y Katie permaneció dentro del útero. Según los especialistas, el reducido tamaño de Amy pudo haber contribuido a que no se desencadenara de inmediato el parto de la segunda bebé.

Durante las siguientes semanas, Maria continuó su embarazo mientras visitaba a Amy a diario en la UCIN. Explicó que llevaba consigo agua bendita de Lourdes cerca de la incubadora, en un gesto de fe y esperanza. Cinco semanas después del primer alumbramiento, la madre pudo sostener a Amy por primera vez en brazos.

Katie nació finalmente el 27 de agosto, con 36 semanas de gestación y un peso aproximado de 2,55 kilos. El parto se produjo alrededor de una hora después de iniciar la inducción programada para culminar la gestación. Fueron necesarias las técnicas habituales de monitorización fetal y apoyo respiratorio al nacer, propias de un parto a término tardío.

Las dos niñas se reunieron por primera vez dos horas después del nacimiento de Katie. María relató: “Cuando pusieron a Katie en mis brazos, me sonrió y la enfermera dijo: ‘Está bien’. Ambas lloramos de alivio. Dos horas después, juntamos a las gemelas”. Este momento fue particularmente emotivo, pues hasta entonces todo había estado en el aire.

El parto prematuro, definido como el que ocurre antes de las 37 semanas de gestación, es una de las principales causas de morbimortalidad neonatal en todo el mundo. Las complicaciones asociadas incluyen inmadurez pulmonar, riesgos de hemorragias intracraneales y necesidades prolongadas de cuidados intensivos. Según protocolos médicos, los recién nacidos de muy bajo peso y extrema prematuridad requieren incubadoras, asistencia ventilatoria y cuidados multidisciplinares que incluyen pediatría, neumología y neurología.

Amy recibió el alta siete semanas después del nacimiento de su hermana menor, que abandonó el hospital cinco días tras nacer. María señaló que, al año de vida, Amy había superado a Katie en algunos hitos del desarrollo. Katie, por su parte, fue diagnosticada con autismo de alto funcionamiento y ha recibido terapia multidisciplinar para potenciar sus capacidades.

A consecuencia del intervalo inusual entre nacimientos, las gemelas tienen celebraciones de cumpleaños en meses distintos, junio y agosto. Años más tarde, ambas llegaron juntas al primer día de colegio. “Todo el mundo piensa que sus hijos son especiales, pero dejar a mis hijas en el colegio fue un momento extraordinario, porque hubo momentos en los que creí que nunca lo vería”, afirmó Maria.

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