
Fachada destrozada de una sucursal tras el asalto con explosivos (Foto: Instagram)
Un grupo de cerca de 20 delincuentes protagonizó un audaz asalto simultáneo a tres sucursales bancarias y a una casa de cambio, empleando explosivos para violentar las cajas fuertes y armar barricadas. Tras desatar las detonaciones en el interior de los locales, los asaltantes provocaron estampidas y caos entre los clientes y empleados, lo que facilitó su acceso al efectivo. La operación se completó con la quema de varios vehículos que utilizaron como vía de escape y para obstaculizar el avance de las fuerzas de seguridad.
Los atacantes recurrieron a artefactos explosivos de fabricación casera o a granadas militares arrebatadas al mercado negro, según el modus operandi observado. Primero, colocaron cargas junto a las puertas de cristal de los bancos y de la casa de cambio, provocando detonaciones capaces de abrir los accesos principales y de originar impactos de metralla en las fachadas. Este método de apertura violenta ha sido detectado en otros asaltos de gran envergadura, donde el efecto sorpresa y el estruendo disuaden la respuesta inmediata de las víctimas.
Mientras las explosiones sacudían las instalaciones, algunos de los delincuentes lanzaron dispositivos incendiarios al exterior y prendieron fuego a turismos y furgonetas estacionados en las calles aledañas. La combustión de los vehículos generó columnas de humo que sirvieron de pantalla para dificultar las labores de vigilancia policial y de bomberos. Además, las llamas bloquearon los accesos de los convoyes de las fuerzas del orden y ralentizaron la llegada de refuerzos, prolongando la ventana de tiempo necesaria para la huida.
Este tipo de asalto coordinado requiere una planificación meticulosa. Desde la adquisición y el transporte de explosivos hasta la selección de los vehículos de huida, todo debe encajar con rigor. Los delincuentes suelen ensayar la ejecución en lugares de menor riesgo, emplear comunicaciones cifradas y contar con informantes en el interior de las entidades bancarias para conocer horarios, sistemas de seguridad y puntos ciegos de vigilancia. Asimismo, se eligen zonas con escaso tráfico policial y con múltiples rutas de escape posibles.
Frente a esta amenaza, las entidades financieras y las casas de cambio han reforzado sus protocolos de seguridad. Entre las medidas más habituales figuran los sistemas de anclaje de puertas y cajas fuertes, detectores de movimiento en cámaras y bóvedas, y silos de retención que evitan la extracción rápida del dinero. También se promueve la cooperación con las autoridades para la monitorización de explosivos de venta ilícita y la instalación de barreras físicas en los accesos apenas perceptibles para el cliente, pero capaces de frenar la entrada forzosa.
La quema de coches para ralentizar la acción policial es una práctica recurrente en este tipo de operaciones y se enmarca dentro de la tendencia de los asaltantes organizados a recurrir a tácticas de guerrilla urbana. Aunque los daños materiales pueden ser cuantiosos, la prioridad de las fuerzas de seguridad es minimizar las víctimas y neutralizar a los autores, cuyos rostros suelen ser captados parcialmente por cámaras de videovigilancia que, con análisis de forenses digitales, aportan pistas sobre su identidad y recorrido posterior a la huida.


