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ONU recomienda evitar “por favor” y “gracias” al ChatGPT para reducir impacto ambiental

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El coste ambiental de la IA en debate (Foto: Instagram)

La inteligencia artificial parece estar confinada a una pantalla, pero, tras bambalinas, ocupa grandes espacios, consume electricidad, requiere refrigeración y genera una huella ambiental más significativa de lo que muchos imaginan. Cada pregunta enviada a herramientas como ChatGPT activa servidores en algún lugar, procesando datos y consumiendo energía para ofrecer respuestas rápidamente.

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Recientemente, una alerta vinculada a la ONU adquirió una curiosa versión en las redes sociales: la sugerencia de dejar de decir “por favor” y “gracias” al interactuar con chatbots. Sin embargo, la cuestión es más compleja. Investigadores de la Universidad de las Naciones Unidas subrayan que la expansión de la IA conlleva costes ambientales reales y que mensajes extensos, respuestas detalladas y un uso frecuente elevan la carga sobre los sistemas.

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El peso invisible de la IA
Según el informe del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, Medio Ambiente y Salud, la IA no es solo una tecnología digital, sino que depende de una infraestructura física: centros de datos, redes eléctricas, sistemas de refrigeración, equipos electrónicos y grandes extensiones de terreno para su instalación.

Las cifras resultan impactantes. Para 2030, el consumo anual de agua relacionado con la IA podría alcanzar 9,3 billones de litros, equivalente a las necesidades domésticas de aproximadamente 1.300 millones de personas en el África Subsahariana. En el mismo periodo, la electricidad consumida por los centros de datos impulsados por IA podría rondar los 945 teravatios hora al año, casi tres veces el consumo anual combinado de países como Pakistán, Bangladés y Nigeria.

La huella territorial también es relevante. Se estima que, para 2030, la infraestructura de IA podría ocupar alrededor de 14.500 kilómetros cuadrados. No es solo “la nube”, sino tierra, agua, energía, cables, servidores y sistemas de refrigeración funcionando de manera continua.

Por qué importan los mensajes largos
Decir “por favor” o “gracias” no es por sí solo el gran villano climático de la IA. El problema surge cuando millones de usuarios multiplican comandos extensos, peticiones frecuentes y respuestas innecesariamente largas. En los sistemas de IA, más texto suele requerir más procesamiento, tanto para interpretar la solicitud como para generar la respuesta.

Por ello, algunos expertos recomiendan un uso más directo de las herramientas. No se trata de convertir la interacción en algo descortés, sino de evitar excesos que no aportan al objetivo. Un comando breve y claro puede requerir menos procesamiento que un mensaje cargado de florituras.

En lugar de redactar un párrafo entero para una consulta simple, el usuario puede ser directo y, al mismo tiempo, amable. También puede indicar al sistema que responda de manera concisa, reduciendo extensiones cuando no sean necesarias. Pequeñas decisiones individuales no solucionan el problema por sí solas, pero contribuyen a minimizar el desperdicio a gran escala.

Algunos ejemplos de instrucciones útiles son:
• Responde de forma breve
• Ofrece solo lo esencial
• Usa una frase cuando sea posible
• No repitas la pregunta
• Haz preguntas adicionales solo si son imprescindibles

El llamado de la ONU
La frase central del informe resume bien la cuestión: “La inteligencia artificial no es solo una tecnología digital, sino también un sistema material con costes ambientales medibles.” Esa parte suele perderse cuando la discusión se convierte en un meme sobre buenas maneras.

La advertencia no implica que cada “gracias” esté destruyendo el planeta. Significa que la IA, usada a escala global, compite por recursos con otras necesidades humanas. Agua para refrigerar servidores, electricidad para procesar comandos y terreno para centros de datos conforman una ecuación que también involucra desigualdad, clima e infraestructura.

El informe también señala que medir solo las emisiones de carbono es insuficiente. El análisis ambiental debe incluir agua, territorio, residuos electrónicos y el origen de la energía empleada. Un centro de datos alimentado por fuentes limpias puede tener un impacto distinto al de otro dependiente de energías fósiles, pero ambos requieren materiales, refrigeración y mantenimiento.

Para el usuario habitual, la recomendación más práctica es usar la IA con intención. Pedir exactamente lo necesario, evitar repeticiones, reducir respuestas largas cuando no aporten y reservar tareas intensivas para momentos en que realmente tengan sentido. La cortesía puede mantenerse, pero la objetividad se convierte en una forma discreta de ahorro digital.

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