
Una masa de agua extremadamente caliente se está formando bajo el océano Pacífico, lo que ha llamado la atención de los científicos que siguen de cerca los indicios del fenómeno de El Niño. Esta estructura recibe el nombre de onda de Kelvin, un desplazamiento de agua cálida que avanza por debajo de la superficie y puede anunciar cambios significativos en el clima global.
Expertos subrayan que esta extensa franja submarina presenta temperaturas de hasta 7,5 °C por encima de la media histórica. Este calentamiento resulta preocupante, dado que el incremento de temperatura en la región ecuatorial del Pacífico es un factor decisivo para el desarrollo de El Niño, un evento que modifica patrones de lluvia, temperatura y vientos en múltiples regiones del planeta.
Qué es una onda de Kelvin
La onda de Kelvin actúa como un corredor de agua cálida que se propaga a lo largo del océano. Cuando su energía y extensión se intensifican, puede influir en la temperatura de la superficie del Pacífico, creando condiciones favorables para un El Niño más potente.
Un “super El Niño” se define cuando la temperatura de la superficie del Pacífico oriental excede la media histórica en al menos 2 °C. Aunque este incremento pueda parecer leve, a escala climática global es suficiente para desencadenar veranos extraordinariamente calurosos, inviernos inestables, prolongadas sequías en algunas zonas e intensas precipitaciones en otras.
Michelle L’Heureux, investigadora del Centro de Predicción Climática de la NOAA, declaró al Wall Street Journal: “La actual onda de Kelvin es impresionante y, según varios criterios, rivaliza con la observada en 1997.”
El riesgo de un evento extremo
Los eventos de super El Niño han generado impactos muy relevantes en el pasado. El primero documentado en 1877 se relacionó con sequías y hambrunas que causaron alrededor de 50 millones de muertes en todo el mundo. Más recientemente, el super El Niño de 2015–2016 contribuyó a brotes de enfermedades como zika, cólera, hantavirus y chikunguña.
La NOAA estima una probabilidad del 80 % de que El Niño se desarrolle antes de julio de 2026. Adam Scaife, jefe de Predicción a Largo Plazo del Met Office del Reino Unido, advierte que este evento podría situarse entre los más intensos de las últimas décadas o incluso rozar niveles récord. “Estamos convencidos de que se acerca un episodio relevante”, afirmó en una entrevista con la AFP.
Adicionalmente, Scaife alerta que los efectos de El Niño se están combinando con el calentamiento global, lo cual podría intensificar aún más las variaciones de precipitaciones y temperaturas en comparación con episodios anteriores. L’Heureux, por su parte, puntualiza que la intensidad final del fenómeno dependerá de factores difíciles de prever con antelación, como la dirección y fuerza de los vientos de niveles bajos.
Contexto adicional
El Niño forma parte del ciclo climático conocido como Enfriamiento y Calentamiento del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), que incluye también al fenómeno opuesto, La Niña, caracterizado por temperaturas superficiales inferiores a la media. Ambos tienen efectos globales, interactuando con sistemas meteorológicos y océanos, y afectan la producción agrícola, el nivel del mar y la distribución de los recursos hídricos.
La vigilancia de estas oscilaciones se realiza mediante redes de boyas oceánicas, satélites y flotadores Argo, que permiten medir temperatura, salinidad y corrientes en tiempo real. La comprensión de las ondas de Kelvin y su propagación a lo largo del Pacífico resulta clave para anticipar el desarrollo de eventos extremos y mejorar la precisión de los modelos de predicción climática.


