El refresco parece inofensivo porque cabe en un vaso, acompaña aperitivos, celebraciones, comidas rápidas y momentos de descanso. Sin embargo, tras la efervescencia, la dulzura y la sensación helada que baja por la garganta, se desencadena una reacción en cadena que arranca pocos minutos después del primer sorbo.
El cirujano cardíaco Dr. Jeremy London describió estas bebidas como “muerte líquida” al enumerar los elementos que evita en su propia rutina para proteger la salud y prolongar la longevidad. Su lista incluye alcohol, tabaco, panes, pastas, harinas refinadas y refrescos. El término es contundente, y el propio médico admitió que eligió esas palabras con un propósito claro: llamar la atención sobre un problema extendido. “Creo que los refrescos son un flagelo en nuestra sociedad, así que realmente quería generar algo de conciencia”, señaló. Y añadió: “Obviamente, las bebidas muy calóricas y el hecho de ingerir una gran cantidad de calorías por medio de líquidos azucarados es un grave error”.
¿Qué sucede tras el primer sorbo?
Una simulación compartida en TikTok por el perfil Science Vitals mostró de forma visual qué puede ocurrir dentro del cuerpo tras consumir una bebida gaseosa azucarada. La explicación arranca con el azúcar disuelto, que entra rápidamente en el torrente sanguíneo. La glucosa circula en gran cantidad y provoca un pico súbito de azúcar en sangre.
En ese instante, el páncreas actúa liberando insulina para tratar de controlar el aumento de glucosa. Si este proceso se repite con frecuencia, el organismo puede volverse menos sensible a la insulina. Dicha resistencia es uno de los factores asociados al desarrollo de la diabetes tipo 2.
Mientras tanto, el azúcar también afecta al cerebro. Puede estimular la liberación de dopamina, el neurotransmisor vinculado a la sensación de recompensa. Es esa gratificación inmediata que hace que la bebida resulte todavía más atractiva, especialmente en su versión fría y acompañada de alimentos salados.
Corazón, riñones y hígado intervienen en la secuencia
Algunos refrescos contienen además cafeína. En esos casos, junto al azúcar, el cuerpo recibe un estimulante capaz de acelerar el ritmo cardiaco en ciertas personas. El efecto puede ser discreto, pero forma parte del conjunto de reacciones fisiológicas inducidas por algunas bebidas carbonatadas.
Los riñones también se ven implicados. Ciertos refrescos incorporan ácido fosfórico, una sustancia asociada en estudios al riesgo de formación de cálculos renales. Quienes han sufrido episodios de piedras en el riñón suelen evitar cualquier lata fría en un día caluroso, simplemente por precaución.
El hígado es otro órgano afectado por el consumo habitual de bebidas azucaradas. El exceso de fructosa, presente en múltiples fórmulas, puede favorecer la acumulación de gotículas de grasa en las células hepáticas. Con el tiempo, esta condición puede derivar en la enfermedad hepática grasa no alcohólica, que en casos avanzados afecta de forma significativa la función del hígado.
Impacto en los huesos y los dientes
El ácido fosfórico también se ha relacionado con la disminución de la densidad ósea a largo plazo. Cuando los huesos pierden densidad se vuelven más frágiles y aumentan las posibilidades de fracturas, un riesgo que suele desarrollarse de manera silenciosa, sin síntomas notorios.
La cavidad bucal sufre otro tipo de consecuencias. Ácidos como el fosfórico y el cítrico pueden desgastar el esmalte dental, esa capa mineral que protege el interior del diente. A diferencia de otros tejidos, el esmalte no se regenera, por lo que su deterioro progresivo deja los dientes más vulnerables a la sensibilidad, la caries y daños permanentes.
Según la propia simulación, el impacto puede resumirse en una frase contundente: “Un simple sorbo, pero ningún órgano escapa a su golpe”.
No todos los refrescos son iguales. Existen versiones sin azúcar, sin cafeína o con distintos tipos de edulcorantes y aditivos. Aun así, los especialistas en salud coinciden en señalar al agua como la mejor opción para calmar la sed a diario.
Entre alternativas más saludables figuran el agua con gas aromatizada con frutas o hierbas frescas como menta, las bebidas vegetales enriquecidas con calcio (soja, almendra, avena o arroz), así como el té, el café y los zumos 100 % fruta o vegetal en pequeñas cantidades de unos 125 ml.












