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Australiana con condición rara recuerda cada día desde los 12 días de vida

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La australiana Rebecca Sharrock, de 27 años, posee una condición neurológica rara llamada Memoria Autobiográfica Altamente Superior (HSAM, por sus siglas en inglés), que le permite recordar aproximadamente el 95 % de las experiencias vividas con un nivel de detalle extraordinario. Para ella, sonidos, olores y emociones forman parte inseparable de esos recuerdos, que, según explica, permanecen frescos como si hubieran ocurrido recientemente.

El diagnóstico de HSAM empezó a contemplarse en su infancia, cuando sus padres advirtieron la precisión inusual con la que Rebecca describía hechos cotidianos y sucesos familiares. A los 23 años, tras ver un documental sobre esta condición, la propia Rebecca identificó que su capacidad de memorización superaba con creces los parámetros de la memoria autobiográfica común.

Entre las memorias más sorprendentes que relata se encuentran episodios extremadamente tempranos, como el cobertor que utilizaba siendo bebé, el ambiente que rodeaba su moisés o detalles sensoriales de situaciones vividas con tan solo unos meses de vida. Incluso conserva presentes los sueños y sensaciones oníricas de aquellos primeros meses, una característica que raya en lo insólito.

No obstante, junto con la extraordinaria riqueza de recuerdos, la HSAM conlleva también desafíos significativos. Rebecca manifiesta que los recuerdos negativos aparecen con la misma intensidad emocional del momento original, lo que puede desembocar en episodios de ansiedad y dificultar el olvido de experiencias dolorosas o traumáticas.

El caso de Rebecca ha sido objeto de seguimiento por parte de equipos de investigación de instituciones como la Universidad de California y la Universidad de Queensland. Estos estudios buscan arrojar luz sobre los mecanismos de la memoria humana y explorar sus posibles relaciones con enfermedades neurodegenerativas, entre ellas el Alzheimer, así como con trastornos que cursan con pérdida de memoria.

Históricamente, la HSAM —también denominada hipermnesia autobiográfica— se documentó por primera vez en la literatura científica en 2006, cuando un equipo de investigadores de la Universidad de California describió el primer caso formal. Desde entonces, se han registrado menos de un centenar de casos en todo el mundo, lo que convierte a este síndrome en uno de los fenómenos cognitivos más exclusivos y difíciles de estudiar.

Desde un punto de vista neurobiológico, diversos estudios, incluidos algunos con resonancia magnética funcional, han identificado variaciones en regiones cerebrales clave como el hipocampo y la corteza prefrontal, así como en la amígdala, que es responsable de procesar la carga emocional de los recuerdos. Ello sugiere que las personas con HSAM podrían presentar una conectividad más intensa o eficiente entre estas áreas.

Para evaluar de forma rigurosa esta capacidad, los investigadores han desarrollado protocolos de prueba en los que se solicita a los sujetos con HSAM que recuerden episodios públicos y privados correspondientes a fechas seleccionadas al azar. Se miden la precisión en la recuperación de la información, el nivel de detalle sensorial y el tiempo de respuesta, lo que ha permitido contrastar sus habilidades con las de voluntarios de control.

En términos de prevalencia, se calcula que la HSAM afecta a menos de uno de cada varios millones de personas, con una preponderancia aparente en mujeres, aunque aún no existen conclusiones definitivas sobre un posible sesgo de género. Tampoco se ha esclarecido por completo el componente genético, aunque algunos estudios apuntan a una predisposición hereditaria que, unida a estrategias de codificación y recuperación muy elaboradas, daría lugar a esta forma extrema de memoria.

Pese a los desafíos psicológicos que supone, el estudio de la HSAM ofrece oportunidades científicas para entender mejor la memoria autobiográfica normal, desarrollar nuevas técnicas de estimulación cognitiva y quizá, en el futuro, idear terapias dirigidas a mitigar trastornos de la memoria. El caso de Rebecca Sharrock representa, en definitiva, un ejemplo vivo de la asombrosa capacidad del cerebro humano para archivar y evocar cada instante de la vida con nitidez inusitada.

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