Donald Trump confirmó que mañana, 21 de abril, a las 18:00, hora de Washington, realizará la lectura de un pasaje de la Biblia en un mensaje de vídeo transmitido directamente desde el Salón Oval. El anuncio se produce en medio de un período de tensiones entre el presidente de Estados Unidos y el Vaticano, tras críticas públicas al papa León. Este acto forma parte de una semana de celebraciones titulada «América lee la Biblia», con el objetivo de renovar la fe y consagrar al país como una nación bajo la protección divina.
El fragmento escogido corresponde a 2 Crónicas 7:11-22. En este pasaje bíblico, se describe el momento en que Dios se aparece al rey Salomón, prometiendo sanar la tierra y atender las oraciones de su pueblo siempre que se cumplan las leyes y los juicios divinos. Tradicionalmente, esta lectura se ha empleado en ceremonias de dedicación y consagración, y líderes religiosos cercanos al presidente la utilizaron tras las elecciones de 2016 para presentar la victoria como resultado de plegarias colectivas.
En los últimos días, la relación de Trump con el líder de la Iglesia Católica sufrió un fuerte desgaste. El papa León condenó con dureza las acciones militares de Estados Unidos en el Oriente Medio, pronunciando frases como «¡Basta de adoración de uno mismo y del dinero! ¡Basta de demostraciones de poder! ¡Basta de guerra!». En respuesta, el presidente empleó sus redes sociales para tildar al pontífice de «débil en la lucha contra el crimen y desastroso en política exterior».
Ante esta situación, la Casa Blanca ha defendido que la lectura bíblica busca enfatizar la unidad y los valores compartidos, más allá de diferencias diplomáticas. En ese sentido, se espera que el evento sea retransmitido en las plataformas oficiales de la presidencia y en cadenas religiosas que cubren actos de fe pública.
La campaña «América lee la Biblia» se lanzó con el propósito de involucrar a distintas confesiones cristianas en una serie de lecturas, oraciones y reflexiones diarias durante una semana. Instituciones evangélicas, católicas y protestantes participan con lecturas en iglesias locales, emisoras de radio y plataformas de streaming, con el fin de promover un mensaje de renovación espiritual en un contexto de polarización política.
La selección de 2 Crónicas 7:11-22 no es casual: en la tradición judaico-cristiana, este texto se interpreta como un llamado al arrepentimiento, la obediencia y la restauración moral del pueblo. Recientemente, diversos teólogos han señalado que dicha elección responde a la retórica presidencial de vincular acontecimientos políticos con señales providenciales o divinas.
La confirmación de esta lectura ha reavivado el recuerdo de una entrevista concedida por Trump en 2015 a Bloomberg Politics. Entonces, al preguntársele por sus versículos favoritos, el entonces candidato ofreció respuestas vagas. Aseguró que la Biblia significaba mucho para él, pero rehusó citar pasajes concretos. «No me gustaría entrar en eso porque, para mí, resulta algo muy personal», declaró. Ante la insistencia de los entrevistadores, se limitó a decir: «Probablemente me gustan igual el Antiguo y el Nuevo Testamento. Creo que toda la Biblia es increíble», sin completar el razonamiento.
En esa misma conversación, Trump mencionó que su libro publicado en 1987, La senda del acuerdo (título original: The Art of the Deal), ocupaba el segundo lugar en sus lecturas preferidas, justo después de la Biblia. Esta comparación constante genera debates sobre su nivel de conocimiento de las Escrituras entre seguidores y críticos por igual.
Además del enfrentamiento con el Vaticano, la difusión de imágenes manipuladas digitalmente ha intensificado la discusión acerca del papel de la religión en su presidencia. Recientemente, Trump compartió ilustraciones en su red social Truth Social, mostrándolo en actitudes de sanación e incluso acompañado por una figura de Jesucristo. Uno de estos montajes retrata a Trump con túnica realizando un supuesto acto milagroso, mientras que otro lo coloca hombro con hombro con la imagen de Cristo en un gesto de consuelo. Dichas publicaciones desataron acusaciones de blasfemia por parte de sectores religiosos críticos, especialmente al difundirse en domingo, justo después de sus comentarios al papa León.
Históricamente, otros presidentes de Estados Unidos han recurrido a lecturas bíblicas y referencias religiosas para marcar momentos de unidad nacional o de crisis. Figuras como Franklin D. Roosevelt o Dwight D. Eisenhower enviaron mensajes de corte espiritual en fechas señaladas, aunque nunca antes un mandatario había convocado una lectura bíblica retransmitida en vídeo desde el Salón Oval en un contexto de tensión con la Santa Sede.
Los organizadores del evento insisten en que la lectura del pasaje marcará un hito de resurgimiento religioso en suelo americano. Afirman que, en un país con profunda diversidad confesional y en un momento de desafíos políticos, dedicar atención a las Escrituras puede servir de puente para el diálogo y la reflexión colectiva.


