La historia de Lin Jing, una mujer de Chongqing, en el suroeste de China, ha conmovido a usuarios de redes sociales tras la difusión de un vídeo que muestra su rutina diaria. Lin sostiene a sus dos hijos por sí sola y, todas las noches, sale a las calles a vender comida ambulante mientras lleva a su hija pequeña a la espalda. El motivo es recaudar fondos para el tratamiento de su hijo mayor, de diez años, diagnosticado con una cardiopatía congénita.
La cardiopatía congénita es uno de los defectos de nacimiento más frecuentes en el mundo y suele requerir intervenciones quirúrgicas complejas que, en muchos casos, superan las posibilidades económicas de familias con bajos ingresos. En China, aunque existen hospitales públicos que cubren parte de los costes, los tiempos de espera y los gastos asociados a los desplazamientos y la estancia pueden suponer una carga insostenible para una madre que ya afronta la manutención del hogar.
Según el relato de Lin Jing, tanto el padre de su hijo mayor como más tarde la pareja con la que tuvo a su hija menor abandonaron la familia cuando comprendieron la magnitud de la presión económica y emocional. “Mi hijo necesita mucho dinero para el tratamiento”, explicó ella en un vídeo en el que, entre lágrimas, lamenta la reacción de esas personas cercanas. La grabación se viralizó de inmediato y alcanzó millones de visualizaciones en apenas unas horas, generando un gran movimiento de solidaridad en internet.
En este contexto, una influyente creadora de contenido en plataformas chinas decidió intervenir de forma directa. Tras conocer el caso, visitó a Lin y le entregó un retrato familiar dibujado a mano, además de realizar una donación de 50 000 yuanes, importe equivalente a unos 6 500 € (aproximadamente). El gesto de esta persona anónima —hasta entonces ajena a la vida de la familia— desató una ola de apoyo: usuarios de toda China comenzaron a aportar donativos que se sumaron al fondo para cubrir la cirugía del niño.
El proyecto para la intervención cardíaca de menores se realiza generalmente en dos fases: una primera operación para corregir la malformación y una segunda para estabilizar el flujo sanguíneo. Cada una de ellas puede requerir estancia hospitalaria prolongada, cuidados intensivos y revisiones periódicas que elevan el coste total a varios miles de euros. Por eso, el aporte colectivo de extraños ha resultado crucial para cubrir gastos de quirófano, anaestesia y posibles complicaciones postoperatorias.
Chongqing, con más de 30 millones de habitantes, concentra numerosos vendedores ambulantes que se desplazan diariamente por mercados y calles céntricas. Muchos de ellos carecen de licencias oficiales y afrontan normativas locales cambiantes. La historia de Lin Jing ha puesto en evidencia esa realidad: madres y padres que, sin otra alternativa laboral, se ofrecen como vendedores de comida preparada para sobrevivir y, al mismo tiempo, atender a hijos con necesidades especiales.
Pese a las dificultades, Lin mantiene la esperanza de que su hijo pueda recuperarse por completo después de la cirugía. Quienes siguen su caso destacan la fortaleza de una mujer que, sola y con recursos limitados, decidió convertir la calle en su lugar de trabajo para financiar la salud de sus hijos. Ahora, gracias a la repercusión de un video en redes y al apoyo monetario de desconocidos, su familia cuenta con una oportunidad real de acceder al tratamiento necesario.


