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Artemis II: Misión histórica a la Luna enfrenta problema técnico con sistema de residuos

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La misión Artemis II inició su viaje histórico en la noche del miércoles 1 de abril de 2026. El lanzamiento tuvo lugar en el Centro Espacial Kennedy, en Florida, marcando el regreso oficial de la humanidad a las proximidades de la Luna.

El cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial, conocido por sus siglas SLS, empleó cuatro motores RS-25 y dos propulsores de combustible sólido para vencer la gravedad terrestre. La ignición generó una columna de fuego que iluminó el cielo antes de que la cápsula Orion emprendiera su trayectoria sobre el Océano Atlántico rumbo a la órbita lunar.

La tripulación está integrada por cuatro astronautas con amplia experiencia. Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch representan a la NASA, mientras que Jeremy Hansen participa en nombre de la Agencia Espacial Canadiense.

Se trata del primer equipo que se aproxima a la órbita lunar desde hace más de cincuenta años. Aunque el objetivo final del programa Artemis es alunizar, esta misión de diez días no prevé una caminata lunar. El propósito es dar una vuelta completa alrededor de la Luna para evaluar todos los sistemas críticos de soporte vital.

Antes de la despegue, el equipo técnico sorteó desafíos meteorológicos y mecánicos. Existían preocupaciones por nubes cargadas de electricidad capaces de producir rayos, además de problemas detectados en el Sistema de Abortaje de Lanzamiento.

A pesar de los avisos que amenazaron con retrasar la cuenta atrás, los procedimientos se llevaron a cabo según lo previsto y la cápsula Orion alcanzó con éxito la órbita terrestre. No obstante, pocas horas después de iniciada la travesía, surgió un problema inesperado durante las verificaciones de rutina en el interior de la nave.

El incidente con el sistema de gestión de residuos espaciales

El contratiempo técnico que llamó la atención del equipo no estaba relacionado con los motores ni con los paneles solares, sino con un componente esencial para el confort e higiene de la tripulación: el aseo. El dispositivo, denominado técnicamente Sistema Universal de Gestión de Residuos, comenzó a mostrar indicios de fallo mientras los astronautas comprobaban el soporte vital.

Este sistema se encarga de recolectar y procesar los residuos líquidos y sólidos en condiciones de microgravedad. En el primer contacto con el centro de control de la misión, los astronautas informaron que “el aseo está alimentado y el tanque de residuos, fusionado”, transmitiendo inicialmente una sensación de normalidad.

Sin embargo, tan solo unos minutos más tarde, la tripulación notificó que se había encendido una luz de advertencia amarilla, señal de alerta en el sistema. El centro de control en Houston solicitó tiempo para analizar los datos telemétricos y proponer una solución al fallo.

El origen de la avería se localizó en la sección encargada de la recogida de orina. Aunque el sistema para residuos sólidos seguía operativo, la gestión de líquidos resulta crucial en una misión de diez días con cuatro ocupantes a bordo.

Gary Jordan, portavoz de la NASA, aclaró la situación durante la transmisión: “La capacidad de recogida fecal del aseo permanece en funcionamiento gracias al Sistema de Gestión de Residuos de la Orion”. La principal preocupación era evitar cualquier fuga de fluidos dentro de la cabina.

Solución técnica en órbita

La resolución del problema requirió la colaboración directa entre ingenieros en tierra y la especialista de misión Christina Koch. Bajo las instrucciones del control de tierra, Koch llevó a cabo una inspección física y efectuó ajustes en los componentes del sistema de residuos.

Tras implementar las reparaciones y realizar pruebas de presión, el equipo en suelo confirmó que el dispositivo volvía a funcionar correctamente. El diálogo técnico entre la Tierra y la nave supuso un alivio para mantener el programa científico según lo planificado.

La controladora Amy Dill comunicó el éxito a la astronauta: “Me alegra informar que el aseo está liberado para su uso. Recomendamos dejar que el sistema alcance la velocidad de operación antes de depositar fluidos y mantenerlo en marcha un breve periodo tras la operación”. Esta indicación garantizaba que los ventiladores de succión y los separadores centrífugos trabajaran a plena capacidad para dirigir correctamente los flujos hacia el tanque de almacenamiento.

Con el sistema de desechos restablecido, la tripulación pudo retomar el cronograma previsto. El plan de vuelo contemplaba un periodo de descanso de cuatro horas inmediatamente después de corregir el incidente.

Los astronautas fueron programados para despertarse a las 7:00, hora de Brasilia, con el fin de comenzar los preparativos de una maniobra orbital relevante para la fase siguiente de la misión. La seguridad de la nave y de la tripulación fue ratificada por Jared Isaacman, administrador de la NASA, quien declaró en rueda de prensa: “La NASA ha vuelto a la tarea de enviar astronautas a la Luna. El equipo está seguro y con excelente moral”.

Maniobras orbitales y distancia a la Tierra

La etapa crítica siguiente consiste en aumentar el perigeo, el punto de la órbita más cercano a la Tierra. Esta ignición de los motores elevará la trayectoria de la Orion, preparándola para las operaciones translunares.

Este impulso otorgará a la cápsula la velocidad necesaria para escapar de la influencia gravitacional inmediata de la Tierra y dirigirse hacia nuestro satélite natural. En el apogeo de su trayectoria, la tripulación se situará a unos 370 150 kilómetros del planeta.

La misión Artemis II pretende conseguir las imágenes y datos más detallados hasta la fecha del lado oculto de la Luna. Dado que nuestro satélite presenta siempre la misma cara a la Tierra, esa región no es visible desde el suelo. La Orion sobrevolará esa zona, permitiendo que los instrumentos recopilen información valiosa para posteriores misiones de alunizaje. El éxito de esta fase es esencial para validar el escudo térmico de la cápsula, que deberá soportar temperaturas extremas durante la reentrada atmosférica al finalizar los diez días.

La rutina a bordo

El día a día en la nave sigue un ciclo estricto de actividades: horarios concretos para las comidas, ejercicios físicos destinados a mitigar la pérdida de masa ósea y periodos de supervisión de todos los sistemas de la Orion. El interior es un espacio reducido donde cada kilogramo de carga y cada vatio de energía están calculados con precisión. La ausencia de refrigeración hace que la logística de aprovisionamiento dependa de alimentos estables a temperatura ambiente durante largos periodos.

El programa espacial cuenta con menús diseñados para mantener el estado físico y el ánimo de los astronautas en misiones de larga duración. La misión Artemis II dispone de 189 opciones diferentes, seleccionadas por su valor nutricional, facilidad de preparación en microgravedad y preferencias personales de la tripulación. Entre una variedad de texturas y sabores, destacan cinco tipos de salsas picantes, muy valoradas debido a los cambios en la percepción gustativa en gravedad cero.

Los alimentos sólidos incluyen tortillas de harina y pan de pita, elegidos para evitar migas flotantes que pudieran dañar equipos electrónicos o ser inhaladas. Las comidas principales abarcan desde filete de ternera asada, cuscús con nueces y quiche de verduras, hasta pasta con queso o salchichas de desayuno. Como acompañamientos, figuran ensaladas de mango, coliflor y calabaza.

Las bebidas, limitadas a dos envases por sabor y por día para cada tripulante, varían entre más de diez opciones: café, té verde, limonada, sidra de manzana y zumos de mango con melocotón, entre otros. En cuanto a los postres, figuran barritas de granola con arándanos, macedonia de frutas tropicales, galletas y chocolate; todos procesados para eliminar riesgos biológicos y garantizar su seguridad durante el vuelo.

La misión Artemis II prosigue su trayectoria hacia el espacio profundo, con la tripulación monitorizando constantemente la cápsula Orion mientras se aleja de la Tierra. Los datos recopilados en estos diez días servirán de base para las siguientes fases del programa espacial, cuyo objetivo es establecer una presencia humana continua en la superficie lunar en los próximos años.

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