
El cigarrillo electrónico fue introducido en el mercado con la promesa de ser una alternativa más segura al cigarrillo convencional. Para muchos que buscaban dejar atrás la dependencia de la nicotina en los últimos años, el vapeo parecía la solución ideal para distanciarse del tabaco. Entidades de salud, como el NHS del Reino Unido, afirman actualmente que cada calada de un vapeo representa una fracción de los riesgos de un cigarrillo tradicional.
Estas mismas entidades destacan que los dispositivos electrónicos son herramientas eficaces para quienes desean dejar de fumar. Cancer Research UK subraya que la transición al vaporizador reduce el riesgo de cáncer y no existen evidencias concluyentes de que el vapeo cause la enfermedad directamente. Esta percepción ha influido de manera significativa en el comportamiento de los consumidores en los últimos años.
Datos de la Oficina Nacional de Estadísticas revelan que, en 2024, la popularidad del vapeo superó por primera vez a la del consumo de tabaco tradicional en el Reino Unido. Ese año, el 10 % de los adultos de 16 años o más, alrededor de 5,4 millones de personas, empleaban cigarrillos electrónicos de manera habitual u ocasional. En comparación, el número de fumadores tradicionales era de 4,9 millones, cerca del 9,1 % de la población.
Riesgos emergentes y estudios científicos
A pesar de la imagen de alternativa saludable, han empezado a surgir problemas de salud entre los usuarios. Casos de “pulmón de palomita” —una afección grave asociada a vaporizadores contaminados— han situado el debate sobre la verdadera seguridad de estos aparatos en el centro de la discusión médica. Una nueva revisión de más de 100 estudios sugiere que el uso regular podría derivar en problemas serios, incluidos cáncer de boca y de pulmón.
Experimentos de laboratorio han puesto en evidencia la capacidad cancerígena de los líquidos empleados en los vaporizadores. Aunque aún no existen datos a muy largo plazo, los investigadores advierten que no deben repetirse los errores del pasado. Hizo falta más de un siglo para que la ciencia estableciera de manera clara y absoluta la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón.
Freddy Sitas y Bernard Stewart, de la Universidad de New South Wales en Australia, afirman en un comentario relacionado que “aunque al tabaquismo se le concedió el beneficio de la duda en el pasado, lo mismo no debe aplicarse al vapeo, dada la solidez de los datos de carcinogenicidad disponibles”. El equipo se propuso evaluar el riesgo del cigarrillo electrónico por sí mismo, sin compararlo únicamente con el tabaco tradicional.
Impactos en el organismo y sustancias peligrosas
En las conclusiones publicadas en la revista Carcinogenesis, Stewart señaló que “hasta donde sabemos, esta revisión es la determinación más definitiva de que quienes usan vapeo corren un riesgo mayor de cáncer en comparación con quienes no lo usan”. Añadió que “considerando todos los hallazgos, desde la monitorización clínica y estudios con animales hasta datos mecanicistas, los cigarrillos electrónicos probablemente causan cáncer de pulmón y cáncer bucal”.
Uno de los puntos más preocupantes es que el vapeo ha dejado de ser exclusivo de quienes ya fumaban y se ha vuelto popular entre jóvenes que nunca habían consumido tabaco convencional. Investigaciones indican que las personas que combinan ambos métodos pueden tener un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar cáncer de pulmón, si bien el uso aislado del dispositivo electrónico ya muestra problemas.
Según el epidemiólogo Sitas, “los primeros informes relacionaron el tabaco con enfermedades infecciosas como la tuberculosis, seguidas de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón”. Subrayó que “los cigarrillos electrónicos se introdujeron hace unos 20 años y no deberíamos esperar otros 80 años para tomar decisiones al respecto”.
Además del riesgo de cáncer, el uso de estos dispositivos afecta otros órganos. La Cleveland Clinic advierte de que el vapeo puede aumentar la probabilidad de desarrollar asma o agravar cuadros ya existentes. La nicotina presente en los líquidos estrecha las arterias y eleva la presión arterial, además de mantener un alto potencial de dependencia química.
El mercado paralelo añade peligros adicionales, como la contaminación por diacetilo. Esta sustancia está prohibida en los cigarrillos en el Reino Unido, pero puede causar la enfermedad del “pulmón de palomita” al inhalarse. Dicha afección genera cicatrices permanentes en los pulmones y puede resultar fatal. Existen múltiples registros, sobre todo en Estados Unidos, de usuarios gravemente afectados por este componente. También persiste el riesgo físico de explosiones de baterías, que pueden provocar quemaduras graves.
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