
El caso de una mujer en el Reino Unido siguió un camino jurídico y científico inesperado, casi como un argumento de ficción. Está inmersa en una disputa legal ante el Tribunal de Apelación de Londres para determinar quién es el padre biológico de su hijo, tras haber mantenido relaciones sexuales con dos hermanos gemelos idénticos con apenas cuatro días de diferencia. El niño, identificado en los documentos judiciales únicamente como “P”, nació en 2018 y ahora tiene ocho años, pero su certificado de nacimiento permanece suspendido en un punto muerto legal sin precedentes en el país.
En 2017, la mujer conoció a los hermanos y, debido a la extrema semejanza física entre ellos, inicialmente no logró distinguirlos. El vínculo ocasional con uno de ellos dio lugar a un embarazo y ese hermano fue inscrito en el registro civil como padre. Sin embargo, al concluir la relación, el otro gemelo impugnó la paternidad arguyendo que él también podría ser el progenitor biológico. La jueza Madeleine Reardon constató que ambos hombres habían mantenido contacto sexual con la mujer en el periodo de concepción, lo que hace igualmente posible que cualquiera de los dos sea el padre.
El gran reto de este caso radica en la genética de los gemelos monocigóticos. Al originarse a partir del mismo óvulo fertilizado que se dividió, el ADN de ambos es prácticamente idéntico. Los test de paternidad convencionales, que comparan marcadores genéticos específicos, son incapaces de distinguir entre ellos.
Especialistas señalaron que la única manera de resolver definitivamente la incógnita sería realizar un secuenciamiento completo del genoma, con el fin de detectar mutaciones mínimas y muy raras surgidas tras la división embrionaria. No obstante, el coste estimado de este análisis es de unas 90 000 libras esterlinas, lo que equivale a aproximadamente 105 300 euros. Además, se mencionó que llevarlo a cabo costaría más de 110 000 dólares, unos 102 300 euros al cambio actual.
El panel de jueces –compuesto por Lady Justice King, Lord Justice Stuart-Smith y Sir Andrew McFarlane– reconoció que, en estos momentos, no es factible determinar con certeza cuál de los dos hermanos es el padre biológico. Sir Andrew McFarlane subrayó que “actualmente, la verdad sobre la paternidad de P es que su padre es uno u otro de estos dos gemelos idénticos, pero no es posible decir cuál”.
El magistrado explicó que, aunque en el futuro la tecnología genética podría identificar fácilmente a uno y descartar al otro, hoy por hoy no existe un método asequible económicamente. A efectos legales, la verdad del menor se presenta como binaria y no apunta de modo definitivo a un solo hombre.
Consecuencias jurídicas y responsabilidad parental
La resolución del tribunal conllevó la eliminación del nombre del hermano que figuraba inicialmente en el certificado de nacimiento. En el sistema jurídico británico, quien consta como padre en el registro asume tanto los derechos como las responsabilidades de decisión sobre la vida del menor: lugar de residencia, educación y otros aspectos fundamentales. Al suprimir ese registro, el tribunal suspendió esos derechos hasta que se reabra el debate o cambien las circunstancias científicas.
McFarlane aclaró que la falta de prueba respecto a uno de los hombres no implica automáticamente la prueba del otro. “Existe una diferencia entre algo que no se ha demostrado y una declaración afirmativa de que lo afirmado es falso”, señaló. Añadió que no estaba plenamente convencido de que el primer hombre no fuera el progenitor, pero la ley exige evidencia clara para mantener el registro oficial.
Por el momento, el niño sigue sin un padre legalmente definido en sus documentos, a la espera de avances tecnológicos o de una nueva decisión judicial que pueda asumir el coste de las pruebas avanzadas. El caso resulta altamente inusual y probablemente único en la jurisprudencia británica, generando un intenso debate sobre cómo debería el Derecho abordar situaciones en que la biología humana desafía las herramientas estándar de identificación.
El precedente brasileño y las diferencias legales
Aunque el caso londinense es nuevo en los tribunales del Reino Unido, en Brasil se produjo una situación similar en 2019. Allí, los gemelos rechazaron asumir la responsabilidad y se ampararon en su semejanza genética para eludir la obligación de pensión alimenticia. Al resultar los análisis de ADN convencionales inconclusos y ninguno de los hermanos reconocer su paternidad, el juez determinó que ambos debían figurar en el acta de nacimiento y compartir la pensión del menor. La lógica aplicada fue proteger al niño de las consecuencias de la indeterminación biológica provocada por la conducta de los gemelos.
En contraste, el enfoque británico se centra en la precisión del registro civil y en alcanzar una certeza biológica absoluta antes de asignar responsabilidades permanentes. Sir Andrew McFarlane insistió en que “la ausencia de prueba de un hecho significa que ese hecho no ha quedado demostrado”. Así, el impasse en Londres persiste en la frontera técnica entre ambos hermanos, mientras el menor crece bajo un limbo legal que la ciencia actual solo podría despejar a un coste muy elevado.


