
Donald Trump y líderes europeos en La Haya: tensión sobre la OTAN (Foto: Instagram)
Donald Trump advirtió de la posibilidad de retirar a los Estados Unidos de la OTAN después de que varios aliados europeos rechazaran brindar apoyo en su iniciativa para reabrir el Estrecho de Ormuz. En un comunicado reciente, Donald Trump expresó su frustración ante la falta de compromiso de los países miembros de la Alianza Atlántica, señalando que si los aliados no participan en operaciones para asegurar el paso marítimo, “no veo razón para mantener a EE.UU. dentro de la OTAN”. La OTAN ha sido, desde su fundación en 1949, el pilar de la seguridad transatlántica, y la amenaza de Donald Trump pone en cuestión ese consenso histórico.
El Estrecho de Ormuz es uno de los puntos de navegación más críticos del mundo, por donde transita aproximadamente el 20 % del petróleo marítimo global. La zona ha registrado tensiones crecientes en los últimos meses debido a bloqueos y ataques a buques comerciales, lo que ha disparado los precios de la energía. La propuesta del Gobierno de los Estados Unidos consistía en coordinar patrullas navales conjuntas bajo el mandato de la OTAN para garantizar la libre circulación y el abastecimiento energético. Sin embargo, varias capitales europeas, preocupadas por el riesgo de escalada militar, declinaron sumarse al dispositivo, argumentando la necesidad de una solución diplomática y pacífica.
Donald Trump ha sido un crítico constante de la distribución de cargas dentro de la OTAN, reclamando en numerosas ocasiones que los socios europeos aumenten sus aportaciones al presupuesto de defensa. Durante sus mandatos anteriores, insistió en que muchos miembros no cumplían con el objetivo de destinar al menos el 2 % de su PIB a gastos militares, poniendo en riesgo la cohesión del bloque atlántico. Su reciente amenaza de retirada de EE.UU. de la OTAN tras el veto europeo a la misión en el Estrecho de Ormuz recoge esa misma línea de confrontación, en la que coloca el compromiso en seguridad colectiva como condición para la permanencia de cualquier país en la Alianza.
De consumarse la salida de los Estados Unidos, la OTAN sufriría una reconfiguración estratégica sin precedentes. Europa perdería la capacidad disuasoria que aportan las principales fuerzas militares norteamericanas, lo que podría obligar a los Veintisiete a reforzar sus propias estructuras de defensa nacional o a buscar nuevos acuerdos bilaterales. Asimismo, el control del Estrecho de Ormuz recaería en coaliciones alternativas o en misiones de la Unión Europea, aunque carecen del despliegue y la experiencia naval norteamericana. Queda por ver si la presión diplomática de otros miembros de la OTAN logrará convencer a Donald Trump de reconsiderar su postura y mantener el compromiso transatlántico de cara a la seguridad global.


