Publicaciones en redes sociales afirman que Brasil habría suministrado uranio ilegalmente a Irán tras la desaparición de ampolletas del material en Río de Janeiro. Sin embargo, las verificaciones realizadas por agencias de fact-checking indican que no existen pruebas de que el país haya enviado uranio al gobierno iraní.
Según la verificación del portal AFP, los mensajes comenzaron a circular de nuevo después del inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero de 2026, en el marco de un nuevo episodio de tensión internacional por el programa nuclear iraní. Las publicaciones relacionan este supuesto suministro con una investigación abierta en 2023 sobre la desaparición de dos pequeñas ampolletas de uranio en una instalación nuclear brasileña.
Los contenidos viralizados sugieren que la inteligencia israelí habría identificado a un “país occidental” como proveedor de uranio al régimen iraní y apuntan directamente a Brasil. Para reforzar esa idea, se citan dos acontecimientos de febrero de 2023: la autorización a buques de la Marina iraní para atracar en el puerto de Río de Janeiro y el extravío de cantidades mínimas de uranio en las instalaciones de las Indústrias Nucleares do Brasil (INB).
De acuerdo con la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN), el incidente ocurrió en julio de 2023 durante una transferencia interna de material en la Fábrica de Combustible Nuclear, situada en Resende (estado de Río de Janeiro). En aquella ocasión, dos ampolletas que contenían aproximadamente 8 gramos cada una de uranio enriquecido al 4,25 % no pudieron ser localizadas. La CNEN señaló que esa cantidad era considerada pequeña y no representaba un riesgo radiológico significativo.
Tras el extravío, el caso fue reportado a la Policía Federal, al Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia y a la propia CNEN, que inició una revisión interna con el objetivo de determinar si se había tratado de un error de registro, un fallo de manipulación o un posible desvío.
En septiembre de 2024, el Ministerio Público Federal archivó la investigación definitivamente. El organismo concluyó que no había indicios suficientes de crimen organizado, improbidad administrativa o daño ambiental. Entre las hipótesis consideradas estuvo la imposibilidad de una medición exacta del material, una eliminación accidental o su utilización en pruebas de laboratorio sin la anotación correspondiente.
La Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia de la República reiteró en julio de 2025 que la cantidad extraviada carecía de aplicación militar. Para fabricar armas nucleares, el uranio debe estar enriquecido por encima del 90 %. El uranio con enriquecimiento cercano al 4 % se utiliza normalmente en reactores de investigación o en centrales de generación eléctrica, y su uso en ese campo está sujeto a estrictos controles internacionales.
Según datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Irán cuenta con más de 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido en sus instalaciones, una cifra muy superior a los 16 gramos de material enriquecido al 4,25 % que desaparecieron en Brasil. Además, Brasil es parte del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y está sujeto a acuerdos bilaterales de salvaguardias con la AIEA que impiden la transferencia de material nuclear con fines militares.
Otras agencias de verificación, como Lupa y Aos Fatos, también clasificaron las publicaciones virales como engañosas por falta de evidencia. Ninguna pesquisa oficial ha hallado vínculos entre la desaparición interna de las ampolletas y un supuesto envío de uranio al Irán.
Este caso ilustra los riesgos derivados de la desinformación en redes sociales, donde la remezcla de hechos verificados con especulaciones puede generar acusaciones infundadas que afectan la imagen internacional de un país y la credibilidad de sus instituciones. La transparencia de los procedimientos de la CNEN y la intervención de organismos internacionales demuestran, en este caso, que no hubo violación de normas ni desvío de material nuclear con fines bélicos.


