En abril de 2002, Marita Verón, de 23 años, desapareció en San Miguel de Tucumán, Argentina, sin que las autoridades locales ofrecieran respuestas satisfactorias. Ante la inacción policial, su madre, Susana Trimarco, entonces funcionaria pública, decidió emprender una investigación independiente. Para ello, se hizo pasar por proxeneta y comenzó a infiltrarse en prostíbulos de la región, con el objetivo de recabar pistas sobre el paradero de su hija.
Durante meses de incursiones clandestinas, Susana se enfrentó a situaciones de alto riesgo y escuchó testimonios desgarradores de mujeres que imploraban ayuda. Aunque no logró encontrar a Marita, su valentía permitió rescatar a más de 129 mujeres y niñas sometidas a explotación sexual. Muchas de ellas habían sido captadas por promesas de trabajo o engaños y luego forzadas a prostituirse.
El impacto de la labor de Susana fue inmediato y trascendió lo personal: creó la Fundación María de los Ángeles, orientada a brindar apoyo psicológico, legal y social a víctimas de la trata. Su activismo impulsó la sanción de la ley nacional 26.364 en 2008, que tipifica el delito de trata de personas en Argentina y establece medidas de prevención, protección y asistencia integral para sobrevivientes. Esta normativa, inspirada en el Protocolo de Palermo de las Naciones Unidas, contempla sanciones de hasta 20 años de prisión para los responsables y promueve la cooperación internacional.
En lo íntimo, el drama de Susana continuó: su esposo, según familiares, cayó en un cuadro depresivo ante la falta de noticias y falleció poco después. A su vez, 13 sospechosos vinculados al plagio y explotación de Marita fueron llevados a juicio, en un proceso que expuso presuntos vínculos con funcionarios públicos, agentes de seguridad y redes criminales.
Los relatos de quienes fueron rescatadas permitieron reconstruir la mecánica de la trata: mujeres reclutadas con engaños, transportadas entre provincias y acuarteladas en prostíbulos clandestinos. Muchas llegaron a ser sometidas a violencia física y psicológica constante, mientras sus captores obtenían beneficios millonarios. A nivel global, la trata de personas es considerada uno de los delitos más lucrativos tras el narcotráfico, moviendo anualmente miles de millones de euros y afectando principalmente a mujeres y niñas.
A más de dos décadas del secuestro, Susana mantiene viva la búsqueda de Marita y reclama a las autoridades la localización del nieto que su hija habría tenido con uno de sus captores; la menor, Micaela, tenía apenas tres años cuando fue separada de su madre. Para Trimarco, cada rescate de víctimas de explotación es también un gesto de esperanza para encontrar a Marita. “Cada mujer que logro liberar es un eslabón más en la búsqueda de mi hija”, declara.
La historia de Susana Trimarco, conocida como “madre coraje”, ha trascendido fronteras y dado lugar a documentales, libros y dramatizaciones televisivas que visibilizan la problemática de la trata. Su lucha ilustra cómo la acción de una sola persona puede desencadenar cambios legislativos, fortalecer redes de apoyo y, sobre todo, devolver dignidad a quienes fueron víctimas de uno de los crímenes más atroces contra los derechos humanos.


