El Ministerio de Desarrollo Rural y Alimentación de Grecia ha dictado un nuevo decreto que limita a 100 kg el peso máximo que burros y mulas pueden transportar en Santorini, incluyendo turistas y equipaje. La medida responde a una serie de denuncias formuladas por organizaciones de protección animal sobre el estado de agotamiento extremo de los animales en los recorridos por la isla, donde las empinadas colinas son parte fundamental del paisaje y las rutas turísticas.
La organización Peta difundió recientemente imágenes de equinos heridos y visiblemente debilitados tras jornadas bajo calor intenso, a menudo privados de agua y alimento durante el ascenso. En su comunicado, Peta criticó la práctica de emplear a estos animales como “taxis” para subir por más de 500 escalones hasta la ciudad de Firá, señalando que existe un teleférico en funcionamiento desde hace varias décadas que podría cubrir la misma ruta con menor impacto sobre los equinos.
El nuevo decreto establece, además, que los propietarios de burros y mulas deben garantizar alojamientos limpios, materiales de higiene adecuados y cuidados veterinarios periódicos que velen por la salud y el bienestar de los animales. El incumplimiento de estas directrices conllevará la imposición de sanciones económicas y un aumento de la vigilancia por parte de las autoridades locales.
Durante siglos, burros y mulas han sido el medio de transporte tradicional en varios tramos de Santorini, una isla de origen volcánico cuyas estrechas callejuelas y pronunciados desniveles dificultan la circulación de vehículos. Con esta regulación, el Gobierno griego pretende conciliar la conservación de las costumbres locales con estándares modernos de protección animal, promoviendo alternativas como el teleférico y senderos peatonales menos exigentes.
El decreto forma parte de la evolución de la legislación griega en materia de bienestar animal, alineada con directivas de la Unión Europea destinadas a proteger a los equinos. En los últimos años, varios países del bloque han elevado sus requisitos sobre el trato, transporte y alojamiento de animales de carga, reconociendo el papel histórico de estos animales al tiempo que se evita su explotación.
La iniciativa en Santorini coincide con un debate global sobre el uso de animales en el turismo, impulsado por la viralización de vídeos en redes sociales y peticiones en línea que han superado las 100 000 firmas. Activistas y defensores del bienestar animal insisten en que “ningún ser vivo debería sufrir por la comodidad o el entretenimiento humano”, y celebran el cambio como un paso necesario para garantizar que la tradición local no vaya en detrimento de la salud de los equinos.


