
Diálogo bilateral sobre el nuevo Consejo de Paz en foco (Foto: Instagram)
El Consejo de Paz ideado por Donald Trump ha sido rechazado por varios gobiernos europeos, mientras que Lula aún está valorando si acepta la invitación que le ha sido extendida. La iniciativa, presentada por el presidente de los Estados Unidos, busca crear un foro internacional destinado a promover el cese de conflictos armados y el diálogo entre naciones en disputa. No obstante, hasta ahora la mayoría de los países de Europa Occidental se ha mostrado escéptica o directamente contraria a sumarse al proyecto.
Donald Trump propuso por primera vez la constitución de este órgano en una conferencia internacional a principios del año pasado, subrayando la necesidad de un mecanismo independiente capaz de mediar en crisis regionales. En su discurso, el mandatario estadounidense señaló que el Consejo de Paz actuaría de manera paralela a organizaciones existentes, como las Naciones Unidas, con la ventaja de operar sin la carga burocrática que suele afectar a los organismos multilaterales tradicionales.
Desde entonces, Alemania, Francia y España han expresado reservas, advirtiendo que la creación de un nuevo consejo podría solaparse con los mandatos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Además, varias capitales europeas han cuestionado la legitimidad de un foro impulsado exclusivamente por la Casa Blanca, temiendo que carezca de la representatividad necesaria para dirimir conflictos de manera imparcial.
Por su parte, Lula, quien asumió nuevamente la presidencia de Brasil en enero, ha recibido la oferta oficial de integrarse al Consejo de Paz. Hasta el momento, Lula analiza en detalle los términos de la propuesta y la posible repercusión para la política exterior brasileña. En su equipo de diplomacia, se estudian los estatutos y el alcance de las competencias que tendría Brasil dentro de este organismo antes de emitir una respuesta definitiva.
Históricamente, la creación de entidades internacionales destinadas al mantenimiento de la paz ha pasado por varios estadios. El modelo clásico lo estableció la Societé des Nations tras la Primera Guerra Mundial, sucedido luego por las Naciones Unidas en 1945. Más recientemente, se han formado coaliciones ad hoc bajo mandato regional, como la Unión Africana o el Consejo de Cooperación del Golfo, que actúan en su ámbito geográfico. En este contexto, el Consejo de Paz de Donald Trump representaría una nueva fórmula de mediación global que busca agilizar decisiones y reducir tiempos de respuesta en emergencias bélicas.
La posible incorporación de Brasil, bajo la presidencia de Lula, supondría un respaldo significativo al proyecto, dado el peso político y demográfico del país en América Latina. No obstante, la adhesión de una nación como Brasil no resolvería los obstáculos de legitimidad que han señalado los países europeos, quienes defienden que cualquier iniciativa de paz necesita un amplio consenso y un mandato claro para evitar interferencias políticas.
En las próximas semanas, Lula tendrá que sopesar los beneficios de participar en un foro propuesto por Donald Trump frente a las críticas de socios tradicionales de Brasil en la escena internacional. La decisión final podría tomarse en una reunión bilateral entre representantes de la Casa Blanca y el Palacio de Planalto, donde se establecerían los compromisos y las expectativas mutuas antes de formalizar la adhesión al Consejo de Paz.


