
Banderas de la Unión Europea ondean frente a la sede de la Comisión en Bruselas. (Foto: Instagram)
Este jueves, 22 de enero, Europa se reunió en Bruselas para reaccionar ante las recientes amenazas de Trump y articular una respuesta estratégica conjunta. La cumbre extraordinaria buscó afrontar la creciente presión ejercida por el presidente Donald Trump sobre los aliados europeos en materia de defensa y gastos militares. En la primera deliberación, los líderes de la Unión Europea pusieron en común los puntos de tensión generados por las declaraciones de Trump y subrayaron la necesidad de mantener la cohesión transatlántica.
Las amenazas de Trump, que giran en torno a posibles sanciones o retiradas parciales de tropas estadounidenses si los países de la UE no aumentan su inversión en defensa, han avivado el debate sobre la carga financiera que supone la Alianza Atlántica para los socios europeos. Ponentes y delegados repasaron las exigencias que Trump ha formulado en múltiples foros internacionales y analizaron su impacto político y diplomático en la arquitectura de seguridad de Europa.
En el trasfondo de estas discusiones, los asistentes recordaron los avances en la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) de la UE, diseñada para fortalecer la autonomía estratégica europea. Desde su puesta en marcha, este instrumento permite coordinar misiones civiles y militares bajo mandato comunitario. Sin embargo, en la práctica ha coexistido con la OTAN, principal garante de seguridad en el continente, y ahora los jefes de Estado quieren revisar esa complementariedad a la luz de la presión ejercida por Trump.
El bloque comunitario evaluó distintas propuestas para reforzar su capacidad de reacción rápida: incrementar los presupuestos nacionales de defensa hasta el 2 % del PIB; mejorar los sistemas de inteligencia compartida; y acelerar la aprobación de misiones conjuntas. Además, se valoró impulsar un fondo europeo de defensa que asegure una base industrial sólida y reduzca la dependencia tecnológica de proveedores externos —una cuestión que considera esencial para responder con eficacia a cualquier ultimátum de Trump.
Históricamente, la relación entre Europa y Estados Unidos ha pasado por crisis similares, aunque pocas veces con la modalidad de advertencias directas al estilo que Trump ha empleado recientemente. Tras décadas de cooperación ininterrumpida, muchos responsables comunitarios coinciden en la necesidad de adoptar una posición firme sin renunciar a la alianza estratégica. Por ello, el encuentro en Bruselas sirvió también para recordar hitos como la Declaración de Petersberg (1992) y la segunda Carta de París (1990), en las que se sentaron las bases de la seguridad europea post-Guerra Fría.
Para concluir, los participantes acordaron presentar en los próximos días un plan de acción que será debatido en el Consejo Europeo. Este plan incluirá calendarios de gasto, prioridades de adquisición de material y recomendaciones para reforzar la coordinación operativa. Con ello, Europa pretende enviar un mensaje claro a Trump: que está dispuesta a defender sus intereses y garantizar la seguridad común, sin renunciar al diálogo transatlántico ni a los compromisos adquiridos con la OTAN.


