Gigantopithecus blacki, considerado el simio más grande de la historia de la Tierra, vivía en el sur de China, medía unos 3 metros y pesaba 300 kilos, un 50% más que los gorilas más grandes que existen en la actualidad.
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La especie sigue considerándose un misterio, a pesar de que se extinguió hace más de 300.000 años, ya que los fósiles hallados hasta la fecha corresponden únicamente a la anatomía oral del simio: cuatro mandíbulas y unos 2.000 dientes aislados.
La dentición de Gigantopithecus presenta características que indican una adaptación al consumo de materia vegetal fibrosa, abundante fruta y plantas abrasivas (capaces de desgastar los dientes), y el nuevo estudio científico de instituciones chinas, australianas y sudafricanas concentró sus esfuerzos en dos frentes.
Por un lado, realizaron análisis detallados de 22 cuevas chinas con y sin fósiles de la especie, para intentar datar con precisión la presencia del primate a lo largo del tiempo y reconstruir los cambios de su entorno en el tiempo. Por otra parte, se escrutó la composición química de los dientes de los animales para tratar de comprender las transformaciones de su dieta y estilo de vida a lo largo del tiempo.
El estudio confirmó los cambios en la vegetación del sur de China a lo largo del tiempo, así como la coincidencia con la «ventana de extinción» estimada del mono. Durante este periodo, extensas áreas de bosque comenzaron a fragmentarse, dando paso a regiones de vegetación más abierta, caracterizadas por la extensión de hierbas.


